Entendiendo las elecciones en El Salvador, las primeras del calendario latinoamericano

En 2019 cinco países de América Latina elegirán presidente: El Salvador, Panamá, Guatemala, Bolivia, Argentina y Uruguay. Al final este año, tomando el bienio 2018-2019, más de 71% de los países de la América Latina continental habrán transitado sus respectivos procesos electorales, demostrando lo decisivos que son estos años para la región.

Este domingo, 5.268.411 millones de salvadoreños estarán habilitados para elegir al próximo presidente y vicepresidente de la república que gobernará al país centroamericano durante los próximos 5 años. El 10 de marzo es la fecha acordada para un eventual ballotage en caso de que ninguno obtenga la mayoría necesaria, es decir, el 50% de los votos válidos más uno.

Esta elección es la sexta elección presidencial luego de la firma de los Acuerdos de Paz en 1992. Participan siete partidos políticos: el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), la Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), Vamos, Partido de Concertación Nacional (PCN), Democracia Salvadoreña (DS), Partido Demócrata Cristiano (PDC) y Alianza Republicana Nacionalista (ARENA). De los cuales los últimos cuatro participan en coalición.

A pesar de que las mujeres son quienes más votan en El Salvador, no hay mujeres candidatas a presidente. Según datos del Tribunal Supremo Electoral (TSE) durante las elecciones de 2012, 2014 —primera y segunda vuelta— y 2015, el porcentaje de participación electoral de las mujeres fue más alto que el de los hombres, manteniéndose arriba del 54 por ciento.

Tampoco es menor el hecho de que la paridad de género diste mucho de ser una realidad. Mientras en muchos países de América Latina las reformas electorales avanzan hacia la paridad, la ley vigente obliga al 30% de cupo femenino, que fue apenas cumplido en las elecciones a diputados y diputadas, y miembros de las Juntas Regionales en 2018.

Desde la década del 90, cuatro de los seis presidentes electos de El Salvador han pertenecido al partido ARENA y las últimas dos presidencias, la de Mauricio Funes (2009-2014) y de Salvador Sánchez Cerén (2014- actualidad), al FMLN. Aunque acompañados de partidos satélites, la vida democrática ha generado un claro bipartidismo; sin embargo, estas elecciones podrían generar un cambio en el sistema político.

El caso del Salvador no dista de las últimas experiencias electorales en las cuales candidatos outsiders encuentran un fuerte respaldo como canalizadores de las demandas insatisfechas de sociedades descreídas de la clase política. Estos candidatos con popularidad propia irrumpen en la vida política del país y rompen con las estructuras partidarias tradicionales. Este es el caso del favorito en las encuestas, Nayib Bukele, ex alcalde de San Salvador, quien habiendo pertenecido al FMLN se presenta a esta elección por fuera de los partidos tradicionales, con gran presencia en las redes sociales.

Por su parte, y siguiendo una tendencia regional, la derecha eligió a dos empresarios como candidatos. ARENA, que gobernó al país por cuatro períodos consecutivos —20 años—, ratificó al empresario Carlos Calleja, vicepresidente de Grupo Calleja, la entidad que controla Súper Selectos, una de las principales cadenas de ventas al detalle del país. Mientras que VAMOS, el partido político más joven, eligió al empresario Josué Alvarado como su primer candidato presidencial en la historia.

El FMLN, partido que ha gobernado durante la última década, escogió a través de internas partidarias a su ex canciller Hugo Martínez. Cabe destacar que el actual gobierno se encuentra fuertemente desgastado tras una fuerte avanzada mediática por casos de corrupción y la imposibilidad de hacer cambios estructurales en la configuración económica y social del país, gobernando con minoría en el Congreso.

En los próximos comicios sin lugar a dudas el gran protagonista será el Tribunal Supremo Electoral. Después de las reformas electorales realizadas en 2015 a través de dos decretos generadores de fuertes debates, se propuso la “ciudanización de los Órganos Electorales Temporales”, que en la práctica se tradujo como una despartidización de los organismos temporales electorales. En el Salvador este no es un tema menor, ya que los partidos políticos fueron los garantes de los acuerdos de paz que desmontaron las maquinarias de guerra en la región centroamericana, y por ello fueron incorporados con un rol central en los procesos electorales para afianzar su papel de intermediarios legítimos y conductos idóneos para la representación popular.

Estas elecciones presidenciales encuentran al TSE tratando de generar la confianza necesaria entre los electores, luego de las elecciones legislativas y regionales de 2018, en las que hubo serios problemas con la transmisión de resultados, tardando una semana más de lo previsto en dar resultados finales; y del reciente incendio ocurrido el pasado 6 de enero en el pabellón #4 del Centro Internacional de Ferias y Convenciones (CIFCO), base de operaciones del Tribunal Supremo Electoral para los comicios, en el que se quemó material para la transmisión de resultados, teniendo que activar un plan de contingencia.

Para concluir, una particularidad que observaremos el próximo domingo 3 de febrero es que por primera vez las y los salvadoreños residentes fuera del territorio nacional pueden votar para elegir presidente y vicepresidente de la república. A pesar de haber sido aprobada en 2012 la ley especial para el ejercicio del voto desde el exterior, es la primera vez que la totalidad de salvadoreños residentes en el extranjero podrán ejercer su derecho cívico. La votación desde el exterior se realiza bajo la modalidad postal o por correspondencia. Si bien las autoridades salvadoreñas ya han recibido los primeros paquetes con votos de ciudadanos en el extranjero, estos serán abiertos el mismo día de la elección.

Aunque el voto no es obligatorio y la cantidad de residentes en el extranjero empadronados no es un número decisivo en la elección, en un país donde cerca del 25% de su población emigra cada año (el 89,32% con destino a los Estados Unidos) y en el cual cerca del 20% del PBI proviene de remesas, este no pareciera ser un dato menor.

La autora es directora del Observatorio Electoral de la Conferencia Permanente de América Latina y el Caribe (COPPPAL) y profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad del Salvador.