La parábola de Menotti 45 años después: ¿es posible recrear hoy aquel trabajo?

Menotti durante su presentación en Ezeiza muestra la camiseta argentina (Télam)

El 12 de octubre de 1974, en un partido amistoso ante España (1-1), en un estadio Monumental que lanzaba a su manera el Mundial 1978 con unos chicos que sostenían cada uno una letra que componía el cartel “Bienvenidos a la Argentina Potencia”, comenzaba a rodar una nueva ilusión, de la mano de un director técnico como César Luis Menotti, a cargo de la selección argentina.

Cuarenta y cinco años después, con una selección argentina que no gana un título oficial en la categoría mayor desde la Copa América de Ecuador 1993, Menotti regresa a la AFA como director general de Selecciones Nacionales aunque el director técnico continuará siendo, al menos hasta la Copa América de Brasil, en junio, Lionel Scaloni.

¿Podrá Menotti recrear algunas de las condiciones de aquel trabajo que realizara desde 1974 y que dio como fruto el Mundial 1978, con el agregado del Mundial sub-20 de Japón en 1979?

Roberto Saporiti, de larga trayectoria como entrenador y quien fuera uno de los ayudantes de campo de Menotti en su ciclo como director técnico de la selección argentina, manifestó en las últimas horas a Infobae que “lo que hacíamos hace 40 años, hoy no hay tiempo para hacerlas, como la selección del interior cuando hay Superliga, Libertadores, Sudamericana, Copa Argentina. (Alfio) Basile quiso hacerlo y no pudo”.

Sin embargo, si se toma en cuenta la situación futbolística y político-deportiva de cuando Menotti fue convocado para dirigir a la selección argentina en 1974, encontraremos algunos paralelismos con la actualidad, algunos parecidos y otras cuestiones peores que en estos días.

Por ejemplo, el minucioso trabajo que Menotti realizara con el estudioso entrenador croata Rodolfo Kralj, sus ayudantes Saporiti y Rogelio Poncini, el preparador físico Ricardo Pizarotti y el doctor Rubén Oliva respecto de la “selección del interior” aparecía más complicada desde su armado en aquellos tiempos, cuando para observar jugadores de muchas provincias sólo estaban los viejos torneos Nacionales, que se jugaban en el último trimestre de cada año, y tampoco había ninguna base de datos, ni las ventajas que existen hoy en la comunicación, mientras que hoy hay muchos clubes que no son de Buenos Aires o alrededores en la Primera División o en el Nacional B. La mayor desventaja podría estar en el aumento de las competencias y en menor cantidad de fechas en el calendario, pero aparece como más fácil la posibilidad de observar jugadores.

Durante la conferencia de prensa de su presentación en Ezeiza, Menotti se encargó de recordar que cuando él asumió como director técnico en 1974, no sólo la mayoría de jugadores que había participado en el Mundial de Alemania Federal en 1974 se negaba a regresar a la selección argentina tras el caótico ciclo que derivó en una mediocre actuación y una durísima derrota ante Holanda 4-0 en la segunda ronda, sino que la mayoría de ellos, tal como ahora, jugaba en equipos extranjeros.

Los arqueros Daniel Carnevali (Las Palmas), Miguel Santoro (Hércules), los defensores Ángel Bargas (Nantes), Roberto Perfumo (Cruzeiro), Ramón Heredia (Atlético Madrid), Enrique Wolff (Las Palmas/Real Madrid), los volantes Miguel Brindisi (Las Palmas) y Carlos Babington (Wattenscheid 09), y los delanteros Héctor Yazalde (Sporting Lisboa), Rubén Ayala (Atlético Madrid) y Mario Kempes (Valencia) eran los más destacados en esos tiempos, pero no era posible disponer de ellos, sumados a Carlos Bianchi y Osvaldo Piazza, que se lucían en el fútbol francés.

Lejos del orden y de las facilidades de trabajo que hoy puede creerse sobre aquellos tiempos de mediados de la década de 1970, la AFA atravesaba una de sus tantas crisis.

Muchos de los jugadores de la selección argentina que ganó el Mundial 78 provinieron del trabajo del equipo de Menotti en el fútbol de interior. ¿Puede repetirse hoy?
Muchos de los jugadores de la selección argentina que ganó el Mundial 78 provinieron del trabajo del equipo de Menotti en el fútbol de interior. ¿Puede repetirse hoy?

David Bracutto, de 53 años, médico y peronista, asumió en la AFA el 21 de junio de 1974, diez días antes de la muerte de Perón. Era presidente de Huracán y se desempeñó como director del Policlínico de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y estaba ligado al sindicalismo; tenía un vínculo muy estrecho con el líder del sindicato, Lorenzo Miguel y con el también dirigente de la UOM, ex diputado y presidente de Nueva Chicago, Paulino Niembro.

Su mandato coincidiría con toda la crisis política que este hecho desencadenó, con María Estela Martínez de Perón como presidente en ejercicio. De hecho, perduraría hasta el golpe de Estado de marzo de 1976.

En las condiciones que pudo, y con una AFA netamente peronista, Bracutto tuvo dos ejes fundamentales en su gestión: dar más cabida a la organización del Mundial de 1978, a solo cuatro años de su inicio, y generar un marco de estabilidad a la selección nacional, algo que no se había conseguido nunca con la continuidad requerida.
La selección argentina había regresado del Mundial de Alemania Federal tras haber sido vapuleada por Holanda en el primero de los tres partidos de la segunda fase (4-0) y el estado de confusión era total, muchísimo peor que haber estado cerca de ganar tres títulos en tres años (un Mundial y dos Copas América, perdidos en sendas finales en las que se empató y se cayó por penales o en el alargue).

Enrique Wolff, una de las estrellas del equipo argentino y el único jugador albiceleste que logró cruzar la mitad del campo con pelota dominada en los noventa minutos, admitió que “fue la única vez en mi vida que sentí impotencia en un campo. Nos pasaron por encima, literalmente. Nos dieron un baile increíble, una verdadera lección de fútbol”.

Roberto Perfumo, que ya había tenido la experiencia del Mundial 1966, recordaba con resignación que “parecían tener más jugadores que nosotros. Estaban en todos lados”.

La revista “El Gráfico” se preguntó con sus enviados especiales “¿A qué jugamos?”, ¿Dónde estamos?”. Héctor Vega Onesime escribió luego que “Nunca se trató de jugar de una manera determinada. Siempre se salió a resolver un partido, no hubo una filosofía de juego. Hoy tenemos que sacar el partido, pongamos tipos que marquen. Mañana tenemos que ganar, que sean muchos delanteros. Siempre lo inmediato, nunca lo permanente. De allí viene la confusión. Para el gran fútbol de hoy y de mañana que insinuó Holanda, estamos a medio camino. Holanda está en las dos veredas. En la de los atletas y en la del fútbol”.

Al regreso de Alemania 1974, y con la vuelta a los asuntos internos, Bracutto decidió darle prioridad al Mundial de Argentina 1978 para lo cual también consideró fundamental designar a un director técnico de la selección argentina que tuviera todas las posibilidades de trabajar y con tiempo para hacerlo.

Bracutto conocía a la perfección a César Luis Menotti, un joven director técnico que no sólo había logrado salir campeón con Huracán por primera vez en el profesionalismo en 1973, sino que había conseguido que el equipo practicara un fútbol excelente, que al mismo tiempo significaba una vuelta a las fuentes del fútbol nacional, apelando a la técnica y a brindar grandes espectáculos.

Las directivas para la contratación de un nuevo director técnico, con todas las experiencias pasadas y con la disposición, por fin, a apuntar a ganar el Mundial en condición de local, lo que representaba una oportunidad inmejorable, eran las siguientes: 1) Se designará como DT un profesional argentino debidamente habilitado. 2) Éste será el único jefe y el responsable máximo para todas las cuestiones relacionadas con los respectivos seleccionados y sus integrantes. 3) Nombrará a sus colaboradores directos, 4) Situación contractual legalmente formalizada, 5) Autoridades y DT confeccionaran calendario internacional anual, 6) El calendario Internacional de los equipos nacionales tendrá preferencia con respecto de todos los demás compromisos de orden individual ya sean nacionales o internacionales. 7) Todo jugador debidamente designado y convocado que, sin causa justificada, no concurra a cualquier citación dispuesta quedará inhablitado para desempeñarse en su respectivo club, 8) Jugadores elegidos a exclusivo criterio del DT, 9) Dentro de las 24 horas subsiguientes a la disputa oficial de los partidos o finalización de viajes todos los clubs que tengan jugadores seleccionados por el DT deberán informar por escrito las lesiones que éstos puedan haber sufrido. 10) A partir de la fecha de asunción del DT no se podrán contraer compromisos de índole alguna para los seleccionados nacionales sin previa y expresa aprobación del mismo.

Estas formas taxativas de establecer un cronograma de trabajo, al mismo tiempo otorgaban al director técnico de la selección argentina un poder absoluto que jamás había tenido en la historia. Por primera vez hasta los clubes y los torneos quedaban en segundo plano respecto a la selección nacional.

Sin embargo, cuando Menotti comenzó con su trabajo real en 1975 (más allá de aquel amistoso fundacional ante España en octubre de 1974), se encontró con varias situaciones negativas, matizadas con la obtención del título en el tradicional torneo juvenil de Toulón, Francia, con otro equipo que aportó una base de jugadores con miras al Mundial o al futuro (Alberto Tarantini, Marcelo Trobbiani, Américo Gallego, Daniel Passarella, Jorge Valdano, José Daniel Valencia entre otros).

Por ejemplo, River, que en aquel momento era dirigido por Ángel Labruna, se negó a cederle a sus jugadores Ubaldo Fillol, Juan José López, Norberto Alonso, Daniel Passarella y Leopoldo Luque, aunque los dos últimos acabaron concurriendo y Alonso y Fillol lo hicieron muy cerca del Mundial.

Al mismo tiempo, Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA) lanzó una dura huelga después de arduas negociaciones tirantes con los dirigentes de los clubes. La situación económica de muchas entidades era aún peor que el presente de muchas.

Pero el mayor inconveniente con el que se encontró Menotti en aquellos tiempos es que apenas comenzado su trabajo, el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 trajo como consecuencia, en la AFA, la salida de Bracutto y la llegada a la presidencia de Alfredo Cantilo, aunque todo el poder del fútbol quedó en manos del contraalmirante Carlos Alberto Lacoste.

Cantilo, abogado de 52 años, que había trabajado en el Tribunal de Faltas de la Ciudad de Buenos Aires, era hincha de Vélez, había sido recomendado a Lacoste por Julio Juan Bardi, ministro de Bienestar Social de la dictadura y que luego sería presidente de la Bolsa de Comercio.

Con 34 votos a favor, uno en blanco y uno anulado entre los 36 asambleístas, Cantilo asumió el 3 de mayo de 1976 con la premisa de finalizar el 15 de abril de 1979, fecha en la que estaba estipulado el fin del mandato de Bracutto.

Menotti, con los años, admitió que temió lo peor, y que su trabajo ya no tendría apoyo. Se trataba de una intervención de la AFA aunque con una fachada “democrática” para evitar todo problema con la FIFA, ni con ningún frente externo a tan poco del inicio del Mundial, y el 6 de julio, la Junta Militar declaró “De Interés Nacional” al Mundial 1978.

Pero ya aparecían las primeras desprolijidades dirigenciales: la AFA había renunciado a la participación en una nueva edición del torneo Esperanzas de Toulón, pese a que la selección argentina era la vigente campeona. Se argumentó que “los jugadores se negaron a actuar a partir de rechazar los premios otorgados por la AFA”.

También el Comité Ejecutivo de la AFA declinaba la participación en los Juegos Olímpicos de Montreal en sustitución de la selección uruguaya debido a que “se había cancelado la provisión de plazas (pasajes, alojamientos) por haber quedado fuera de la fase clasificatoria”.

En efecto, la selección argentina (que había participado con la reserva de Newell’s Old Boys con jugadores como Marcelo Bielsa, Roque Alfaro, Américo Gallego y Ricardo Giusti, dirigida por Jorge Bernardo Griffa) había quedado tercera en el Preolímpico de Recife, Brasil, detrás de los locales y Uruguay cuando había dos plazas en juego. Pero la AFA argumentó que no habría tiempo de preparación y fue reemplazada por Cuba, el mejor equipo no clasificado de la CONCACAF.

Sin embargo, contra lo que pensaba, Menotti encuentra en Cantilo un respaldo total a su trabajo y al que realizaba Kralj en lo organizativo. Tanto fue así que el 1 de setiembre de 1977, por la resolución 309, se prohibía la transferencia a clubes del exterior de sesenta y seis jugadores menores de 28 años que integraban una lista confeccionada por el cuerpo técnico de la selección argentina. ¿Es posible prohibir, como en aquellos años, la venta de los principales jugadores jóvenes al exterior, o trabajar con los que se quedan, que son los que invariablemente se irán mañana?

Desde el poder que había alcanzado tras el Mundial 78, Menotti advertía sobre la propia AFA: “Pienso que llegó el momento de encarar una solución quirúrgica en el fútbol argentino y terminar con los paliativos circunstanciales y efímeros. Después de veinte años quedó demostrado que los campeonatos argentinos nada tienen que ver con la realidad de un fútbol que es ahora campeón del mundo. En esos veinte años los dirigentes no han sabido cambiar la estructura”.

Las palabras de Menotti (dichas el 16 de julio de 1978) fueron premonitorias y acaso ayuden, desde el pasado, a encontrar soluciones en el presente: “Habrá que hacer enseguida un profundo estudio económico que contemple todos los aspectos, con gente idónea, porque estoy convencido de que lo económico está estrechamente ligado con lo deportivo. No se puede dejar librado al azar deportivo el método de cambio. Eso no se arregla con descensos, porque si se determinan siete descensos, en una de esas puede caer River Plate entre ellos y todo seguiría igual (…) El estudio debe fijar pautas irremediables, de manera que se tenga un balance de las entradas históricas vendidas por cada club, de la capacidad de los estadios disponibles y habrá de conocerse el presupuesto necesario para el mantenimiento de los planteles. La crisis económica es la que genera el éxodo y los clubes tampoco se salvan con la venta de sus jugadores. No me interesa si se hicieron obras. No es cuestión de salvar a los huevos, sino a la gallina que está enferma”.

¿Podrá convivir Menotti, con 80 años de edad y 45 años después de que asumiera por primera vez como director técnico de la selección argentina, con esta estructura de la AFA?

Habrá que creerle a su ex colaborador Saporiti cuando días pasados le dijo a Infobae que: “Si Menotti dice una cosa y no lo aceptan, tarda un minuto en irse”.