Se cierra el laboratorio electoral en Buenos Aires

Las reacciones expresan las contradicciones de la política en estos días de ajuste del calendario electoral. Puro cálculo, casi nada de fondo. María Eugenia Vidal decidió archivar la idea de adelantar los comicios por la gobernación. El peronismo en general y el kirchnerismo en particular sintieron alivio. Al revés, el oficialismo transmite dudas a pesar de haber tomado la ruta que acodaron en el máximo nivel interno. En parte, el efecto en la evaluación pública tal vez pueda advertirse antes de ir a las urnas.

Buenos Aires es el principal distrito electoral del país no sólo por la cantidad de votantes, alrededor de un tercio del padrón nacional. También lo es porque la política se tensa demasiado cuando lo que está en juego es la sintonía monocolor entre La Plata y la Casa Rosada. Es decir, cuando son gestiones enfrentadas y de diferentes partidos: se recuerda el efecto del triunfo de Cafiero en épocas de Alfonsín. O cuando las internas de un mismo partido impactan de manera inquietante hacia afuera: por ejemplo, la disputa entre Menem y Duahlde, factor de peso en el freno a la re-reelección. Para algunos, la salud del eje Nación- Buenos Aires es algo así como una clave de estabilidad.

La cuestión de las fechas, con todo, terminó siendo breve. Se agotó formalmente antes que el verano. María Eugena Vidal decidió finalmente unificar la elección de gobernador con la primera vuelta presidencial. En rigor, su suerte está atada a la de Mauricio Macri desde antes, y en cualquier caso. Eso no ha cambiado. En su círculo más próximo lo resumían así: “El único plan es que le vaya bien a los dos. Lo otro sería suicida”. En otras palabras, explicaban y repiten en estas horas que no podría pensarse en salvar la gobernación y desentenderse de la disputa por la presidencia.

Los partidarios de adelantar el turno provincial -además del grupo más cercano a la gobernadora, algunos funcionarios y legisladores de peso- sostenían que un éxito bonaerense previo a la votación nacional hubiera sido un fuerte aporte, decisivo, al proyecto reeleccionista del oficialismo.

Macri desconfiaba de la potencialidad de esa idea. Y los que la rechazaban de entrada -en especial, Marcos Peña y Jaime Durán Barba- sostenían lo contrario: que sería leída como una señal de debilidad, cuando lo que necesitan es que la lista provincial traccione a la nacional.

El tema se instaló mediáticamente con diferentes interpretaciones -desde una táctica discutible a la expresión de un enfriamiento peligroso entre el Presidente y la gobernadora- y el punto, en cualquier caso, fue que creció y caminó a mayor velocidad que la imaginada por los operadores macristas.

Se transformó en una cuestión de polémica más o menos sonora, antes de que el propio oficialismo resolviera su posición para dar el debate público.
¿Qué pesó en Vidal para dar por cerrado el asunto? Parece evidente que hubo al menos dos factores determinantes: uno, claro, la resistencia del núcleo presidencial, y el otro, el impacto confuso o negativo en la sociedad, frente a lo que podía ser interpretado como una manipulación institucional -el acomodamiento de las fechas electorales- en función de su proyecto individual de permanencia en la gobernación.

Cristina Kirchner junto a José Alperovich
Cristina Kirchner junto a José Alperovich

En esa lectura, la evaluación de la reacción real -y no discursiva- del PJ bonaerense y del kirchnerismo quedó en un segundo plano. Esto, a pesar de que el frontal rechazo peronista exponía el temor a una jugada que podría perjudicarlo a dos bandas: a los intendentes, sin el paraguas de Cristina Fernández, en su pelea por asegurarse el poder en sus territorios, y a la ex presidente, porque podría perder el compromiso del aparato partidario especialmente en el Gran Buenos Aires.

Esa coincidencia de intereses alimentó un cuestionamiento cerrado al anticipo de las elecciones provinciales. Fueron esgrimidas desde razones de “despilfarro” presupuestario a cuestiones institucionales. Con una salvedad significativa: evitaron las referencias a Sergio Massa, que ya antes de fin de año había acordado con Vidal explorar otro esquema de fraccionamiento electoral. Todavía creen que hay espacio para una forma de “unidad” que incluya al massismo, aunque subordinado al esquema de la ex presidente.

No importan en este terreno ni en otros unificar posiciones locales y nacionales. Se ha dicho: es parte de la crisis de los partidos. Eso explica, por ejemplo, que el PJ respaldara como decisiones autónomas los adelantamientos electorales en buena parte de las provincias en sus manos -incluida la maniobra riojana por la reelección- mientras a escala bonaerense iba de lleno contra el amague de desdoblamiento.

El kirchnerismo, en cambio, trabaja y presiona para alinear a los gobernadores detrás de la ex presidente, paso previo a la formalización de su candidatura, y juega fuerte contra los jefes provinciales del PJ que decidieron apurar sus elecciones o dan señales de que lo harían, privilegiando su poder territorial. Tucumán -con su capítulo interno aún abierto-, Chubut y otras provincias ya han visto de qué se trata.

Cambiemos, antes de lo previsto, acaba de definir lo central en su interna: la unificación de los comicios en Buenos Aires, acompañada por el gesto en la misma dirección del jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta. Queda por verse qué harán los socios radicales de Mendoza y Jujuy. Todo indica que desengancharán sus peleas de la carrera nacional. Se trata de preservar espacios, con un argumento conocido: el objetivo sería arrimar un par de triunfos en medio de elecciones en continuado que, se supone, mantendrían al PJ al frente de sus provincias.

(NA)
(NA)

En cualquier caso, el cálculo en el laboratorio electoral es qué suma o qué resta. En Buenos Aires, las cuentas parecen abiertas a pesar de los presupuestos esgrimidos hasta ahora en los escritorios del oficialismo y de la oposición.

Se supone que la ex presidente, mejor parada en el GBA, arrastraría a los intendentes del PJ y a la vez se beneficiaría con esa estructura en la campaña, sin demasiado margen además para el peronismo federal. Eso, con un techo que por ahora no logra perforar.

Se supone también que Vidal debería traccionar a Macri, en base a su imagen y su despliegue de gestión. Sigue estando en el primer renglón de imagen positiva. Eso, con el límite que por ahora representa el desgaste de gestión, sobre todo nacional.

Las conversaciones en el interior del oficialismo quedaron agotadas en una sucesión de contactos entre Macri y Vidal, los más notorios y últimos en Mar del Plata. El repaso previo, con encuestas, evaluaciones cualitativas y también cifras comparativas con el desempeño electoral de 2015 y 2017, estuvo a cargo de conocidos, aunque con posiciones diferentes: Vidal, Rodríguez Larreta, Peña, Federico Salvai, Durán Barba. Ese capítulo cerró la historia.

Saldado el tema en la mesa de arena, viene ahora la prueba de la realidad.