En guerra con el dólar y casi sin armas para combatir

El dólar se apreció en el mundo, pero en la Argentina mucho más (Reuters)

Después del aumento del tipo de cambio de pesos por dólar de las últimas tres semanas y del brusco salto que ayer lo llevó a un nuevo récord nominal histórico, los consultores y operadores coincidían anoche es dos cosas: 1) que el Gobierno está obligado a hacer algo, y pronto, para que la situación no se torne incontrolable y con graves consecuencias; y 2) que para darle batalla a esta corrida el Gobierno cuenta con armas de muy baja potencia, y está maniatado por el Fondo Monetario Internacional para salir al campo y dar la pelea con verdaderas armas de guerra.

Si alguien todavía no estaba convencido, lo sucedido en estas últimas semanas termina de demostrar que el diseño de política monetaria anunciado a fines de setiembre de 2018, tras el segundo acuerdo con el Fondo Monetario, es ineficaz para alcanzar alguna estabilidad sostenible.

En particular, pero no solamente, porque la gran amplitud de la zona de no intervención del Banco Central para comprar si perforaba el piso y vender si llegaba al techo, dejó latente la idea de que el dólar efectivamente tenía piso, pero que el techo está muy lejos y en cualquier momento podía ser una invitación a dolarizarse.

La amplitud de la banda cambiaria dejó latente la idea de que el dólar efectivamente tenía piso, pero que el techo está muy lejos y en cualquier momento podía ser una invitación a dolarizarse

Si lo único que podía ocurrir era que la divisa subiese hasta que el Banco Central pudiera intervenir a un valor de $50 de hoy, la tentación a comprar algo que sólo puede subir, y mucho aparece en cualquier momento.

Pocos recuerdan que el día del anuncio de la zona de no intervención el presidente del BCRA, Guido Sandleris, dijo textualmente: “Reconocer los beneficios de la flexibilidad cambiaria no significa ignorar que una volatilidad excesiva del tipo de cambio es problemática. La Argentina es especialmente vulnerable porque el tipo de cambio juega un rol clave en las expectativas de inflación”. ¿No se daba cuenta que una zona de no intervención tan amplia iba a agitar la volatilidad?

Durante un tiempo la miopía de la dupla con el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, los llevó a creer que el torniquete monetario, las tasas de interés exorbitantes, y el ajuste fiscal rumbo a un déficit primario cero (sin contar intereses de la deuda), alcanzarían a domar la fieras agazapadas que permanentemente esperan el momento adecuado para dolarizar excedentes.

Todo transcurría según lo previsto, hasta que finalmente dejó de hacerlo. Ni la nueva suba de tasas, ni la aspiradora de pesos de las Leliq sirvieron para evitar que los fuegos de artificio que comenzaron en febrero se convirtieran en los furiosos ataques de estas últimas jornadas.

Ni la nueva suba de tasas, ni la aspiradora de pesos de las Leliq sirvieron para evitar que los fuegos de artificio que comenzaron en febrero se convirtieran en los furiosos ataques de estas últimas jornadas

La mencionada dupla puede poner como excusa que la amplísima zona de no intervención fue lo máximo que pudieron conseguir en la negociación con técnicos del Fondo que pretendían que la libre flotación fuera absoluta.

Eso tiene dos respuestas no excluyentes: una es que fueron ellos los que recurrieron al Fondo para un salvataje; la otra es que en la práctica no hay ninguna diferencia entre una libre flotación y un esquema donde el Banco Central sólo pueda frenar una corrida vendiendo a 50 pesos de hoy.

Tan débil es la posición del Gobierno en esta batalla que el salto de ayer se produjo con una demanda que fue la mitad que en la peor jornada de febrero, y con operaciones mayoritariamente de montos no muy grandes.

Al tope del ranking de devaluación en un mes

Es cierto que el peso no fue la única moneda que sufrió un ataque. Tan cierto como que las heridas que sufrió ayer fueron el doble o el triple que la devaluación que lo registraron otras divisas.

Las heridas que sufrió ayer el peso fueron el doble o el triple que la devaluación que lo registraron otras divisas

Y si se toma en cuenta el último mes, la particular debilidad del peso, es decir de la política económica argentina, es aún más evidente: la moneda local perdió cerca del 11%, y la moneda de cierta relevancia que más se le acerca es el Rand de Sudáfrica con una pérdida del 6,29%. Mucho menos aún cayeron el Real (4,25%), el peso mexicano (2,71%), el colombiano (0,79%) o el chileno (0,13 por ciento).

El daño provocado ayer con una demanda de dólares no muy grande debería ser tomado en cuenta por los funcionarios que con superficialidad argumentan que la aspiradora dejó una cantidad de pesos insuficiente para provocar mucho más perjuicio.

Además, durante el tiempo en que el dólar estuvo tranquilo y duró la avidez para aprovechar la bicicleta financiera de tasas exorbitantes, los depósitos a plazo fijo treparon hasta alcanzar hoy el equivalente a unos USD 25.000 millones.

Expectativas de redolarización

En la city circula la idea de que el Gobierno cree que en el peor de los casos la prolongación de la guerra podría implicar una demanda adicional de no más de USD 12.000 millones, y que el Tesoro (no el Banco Central, que lo tiene prohibido a menos que la cotización llegue a $50) está con municiones de reservas que alcanzarían a cubrir ese frente.

El Gobierno cree que en el peor de los casos la prolongación de la guerra podría implicar una demanda adicional de no más de USD 12.000 millones

Suponiendo que así fuera, la hipótesis de que el Gobierno tiene depositado su confianza solamente en esa arma no hace más que exacerbar temores y escenarios muy turbulentos, para no usar términos más temerarios.

Aunque de alguna manera el Gobierno logre un cese del fuego, lo que ya sucedió en estos días no hace más que agravar el ya oscuro horizonte inflacionario y la recesión reinante. Ni hablar si la devaluación continúa. Los que hasta hace pocos días pronosticaban que el dólar iba a atrasarse como suele ocurrir en años electorales, archivaron el vaticinio.

Además, con el dólar a la deriva la economía se quedó sin ese ancla y difícilmente el Gobierno pueda apelar como ancla a un mayor deterioro en los salarios, teniendo en cuenta que este año se vota. Tampoco han dado muestras de estar dispuestos a dejar que otra vez se atrasen las tarifas.

Con el dólar a la deriva la economía se quedó sin ese ancla y difícilmente el Gobierno pueda apelar como ancla a un mayor deterioro en los salarios, teniendo en cuenta que este año se vota. Tampoco han dado muestras de estar dispuestos a dejar que otra vez se atrasen las tarifas

Conclusión: el 31,9% de inflación para el año que surge del Relevamiento de Expectativas de Mercado que publicó anteayer el Banco Central podría quedarse muy corto.

Volviendo al comienzo y sobre la base de que el Gobierno algo tiene que hacer, y pronto, la pregunta sobre qué hacer sólo tiene como respuesta conjeturas. Y varias de esas conjeturas rondan la idea de que podrían intentar un nuevo cambio en el acuerdo con el FMI, que por ejemplo baje el techo de la zona de no intervención y le permita al Banco Central contraatacar mucho antes de que llegue a 50 pesos.

A nadie escapa que el fracaso del plan en marcha dejaría muy mal parada a Christine Lagarde y a los tecnócratas encargados de la Argentina, ni tampoco que uno de los objetivos medulares del fenomenal apoyo crediticio que otorgó esa institución con el empuje y visto bueno de Donald Trump, fue una apuesta a favor de la reelección de Mauricio Macri. Una alternativa que continúa siendo posible, siempre y cuando la guerra en curso termine rápido.

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