Entendiendo el deterioro del sector industrial

(Foto: Presidencia)

La utilización de la capacidad instalada (UCI) del sector industrial argentino, medido por el INDEC, exhibe qué proporción industrial es efectivamente utilizada, teniendo en cuenta cuál es la producción máxima que cada sector puede obtener -según ciertos parámetros técnicos- con la capacidad instalada existente. En términos inverso, el UCI permite conocer la disponibilidad u ociosidad de los factores productivos de la industria local.

Durante el mes de febrero de 2019 este indicador se ubicó en el 58,5%, cayendo aproximadamente 6 puntos porcentuales con respecto a febrero 2018, aunque recuperándose respecto al mes de enero en 2 puntos porcentuales. La mencionada recuperación surge de una industria que se encontró en los peores niveles de uso de capacidad instalada. Los guarismos de diciembre de 2018 y enero de 2019 son los más bajos de los últimos años (56,6% y 56,2% respectivamente). Sin embargo, la recuperación de febrero no debe tomarse como un cambio de tendencia, sino que es necesario esperar el desempeño de los próximos meses para poder aseverar si el proceso recesivo fue superado o no.

Dentro de los sectores que presentan un menor UCI se encuentran metalmecánica excepto automotores (42,0%), industria automotriz (42,1%) y productos textiles (43,2%). En líneas generales son los sectores industriales más castigados por la caída del consumo interno, y los que se encuentran muy vulnerables al ingreso de productos del mercado internacional.

La industria automotriz, además de posicionarse con una UCI del 42% posee una caída en su indicador del 16% respecto a febrero de 2018. La gran caída del mercado doméstico, y las dificultades de exportación hacia el exterior (principalmente Brasil) son las que alimentan este sobrante industrial. Por parte del mercado interno la venta de 0km atraviesa uno de los peores desempeños. Según datos de ACARA (Asociación de Concesionarias) los patentamientos mantienen la tendencia decreciente desde mayo de 2018, alcanzando en febrero una caída interanual del 40% en las unidades vendidas.

Sumado a estas dificultades, el mercado externo no presenta resultados alentadores. Las ventas de automóviles al exterior no logran recuperarse afectando la producción nacional. ADEFA (Asociación de Fábricas de Automotores) informa que en el primer bimestre del año se exportaron 2.800 unidades menos que en mismo período de 2018. Por consiguiente, la caída del mercado interno junto con un nivel de inflación muy elevado, variaciones al alza en el tipo de cambio y restricciones del mercado internacional, generan importantes bajas de producción con las consecuencias que ya todos conocen: baja rotación de stock, caída en las ventas, aumentos de costos, caída en la rentabilidad, caída de la demanda laboral, suspensión de horas extras, adelantos de vacaciones, retiros voluntarios, suspensiones de personal y despidos de los mismos.
Mirando las perspectivas de corto plazo no se presentan indicios que muestren un cambio de tendencia. ADEFA informó que la producción cayó un 9% en marzo y ACARA registró una caída de patentamientos del 3% valores que seguramente se reflejarán en una nueva baja en la producción y en el Uso de la Capacidad Instalada del sector.

Según las principales compañías, se espera que en marzo alrededor de 7.000 obreros sean suspendidos en distintas automotrices (Renault, Peugeot, Citroën, Honda, Fiat, Volkswagen, GM y Ford).

Otro de los sectores afectados por la coyuntura económica del país es el sector textil, cuyo UCI se ubicó en febrero en torno al 43%. Este valor está por encima del registrado en enero, sin embargo la situación del sector muestra una realidad bien distinta. Dicho incremento surge de la comparación respecto del valor más bajo registrado en la serie, y de un mes cuya estacionalidad (afectada por el período estival) reporta bajas considerables.

Poniendo en perspectiva la evolución del sector en cuanto a UCI vale hacer algunas aclaraciones:

-A principios de 2018 el sector había experimentado una especie de recuperación que duró hasta mayo, cuando se registró el máximo relativo del año (60%). A partir de allí, se sucedieron caídas sistemáticas en el índice hasta el mes de enero de 2019 cuando registró el piso de los últimos años.
A lo largo de los 3 años (serie de UCI publicada por el INDEC) se puede identificar un mínimo ubicado en 48% que constituía el piso que la serie no llegaba a perforar, produciéndose siempre un rebote a partir de allí. En el corriente año dicho mínimo se perforó, lo cual da una idea de la magnitud de los problemas que acarrea la industria textil en esta materia.

-Las dificultades que afectan al sector están vinculadas con aspectos relacionados, en mayor medida, con el mercado interno que con en el mercado externo debido a que las exportaciones de productos textiles son marginales para el país (explican el 1% del total exportado en 2018 según datos del INDEC). Entre los elementos más significativos para explicar el deterioro del sector se encuentra la caída de la demanda agregada en un contexto de profunda recesión económica.

-Además, los productos locales se enfrentan con los bienes importados. Esto redunda en el acceso a productos a precios más competitivos para el consumidor local, desplazando la producción de origen nacional. Por el lado de la oferta, las tasas de interés existentes de hace un tiempo a esta parte hacen difícil conseguir capital de trabajo y recursos para generar inversiones para mejorar equipos y maquinarias, todo en un contexto de caída de la actividad y del mercado interno.

En suma, el sector se encuentra sumido en una crisis de fuste (con componentes tanto estructurales como coyunturales) cuya gravedad se acentúa por la recesión económica que atraviesa el país.

El autor es Economista Jefe del Centro Regional del Estudios Económicos de Bahía Blanca (CREEBBA), Fundación Bolsa de Comercio de Bahía Blanca