Los besos de Susana, Mirtha, Sandro y los que hicieron historia en Hollywood

Por Susana Ceballos 

Los besos más recordados de las películas

«¡Que me bese con los besos de su boca! hasta la Biblia en el libro el Cantar de los Cantares, cae en el embrujo de los besos. Es que desde que el mundo es mundo, la humanidad eligió mostrar sus sentimientos mediante ellos. Desde los ardientes que revelan pasión, hasta los indiferentes que manifiestan el más profundo desprecio. Tan importante son que cuentan con fecha propia: el 13 de abril. Aunque parezca insólito o ideado por alguien que no tenía mucho que hacer, este día se eligió para conmemorar un beso de lo más especial: el más largo de la historia. La protagonista de la hazaña fue una pareja tailandesa que mantuvo sus labios unidos durante 58 horas, 35 minutos y 58 segundos.

Además de ser parte de lo lindo de la vida, los besos han sido protagonistas de algunas de las escenas más inolvidables del cine. El primero se lo dieron en 1896, May Irwin y John C. Rice. Desde entonces, la pantalla los reflejó tibios o apasionados, buenos o malos, largos o cortos, románticos o forzados, únicos e irrepetibles, públicos o prohibidos, olvidables e inolvidables. Breve compilado de algunos que quedaron inmortalizados en la pantalla grande argentina y también la internacional.

Mirtha Legrand, la gran diva nacional, mucho antes de almorzar con sus invitados, besaba románticamente a sus galanes.  En 1945, filmó Cinco besos y como todas las estrellas de la época los que dio en pantalla fueron breves y recatados. Seguramente los verdaderos eran los que los que la diva recibía en los pasillos de los estudios cuando dejaba de filmar. Es que durante el rodaje conoció y se enamoró del director francoargentino Daniel Tinayre. Juntos formaron uno de los matrimonios más glamorosos de la farándula argentina.

(Video: el beso de Mirtha Legrand en «Cinco Besos» / Youtube)

Como cláusula de sus contratos, la inigualable Lolita Torres tenía prohibido besar en las películas. Para que el requisito se cumpliera a rajatabla, su padre siempre presenciaba el rodaje de todos los films con cara de pocos amigos. Pero ¿cuánto se puede sostener la figura de una heroína romántica jamás besada? Así que durante el rodaje Ritmo, sal y pimienta, el equipo de producción gentilmente invitó don Torres a tomar un trago justo cuando Lolita debía besar al actor Ricardo Passano. La expectativa por ese beso fue tanta que la película se mantuvo 28 semanas en cartel.

(Video: el tan esperado beso de Lolita Torres / Youtube)

Si los besos de Mirtha y Lolita eran ejemplo de candidez, los de Isabel Sarli fueron sinónimo de pasión y erotismo. La explosiva morocha despertaba fantasías con su cuerpo voluptuoso y belleza natural. Los críticos la destrozaban, los censores recortaban sus escenas pero ella se imponía y aunque sus besos no eran cuidados ni glamorosos eran eróticos y sobre todo «ratoneros».

(Video: Isabel Sarli en la película «Fuego» / Youtube)

En 1974 Susana Giménez y Carlos Monzón protagonizaron La Mary. Susana ya era una exitosa modelo y actriz y Monzón un famoso campeón mundial de boxeo. En la película serían la Mary y el Cholo. Cuando se inició el rodaje, todos notaron que una atracción sexual salvaje e imparable dominaba a los protagonistas. La leyenda asegura que cada vez que el boxeador y la estrella se besaban, Daniel Tinayre, el director, debía abandonar sus elegantes modales franceses para ordenar a los gritos «Corten, corten» y hasta debía acercarse para despegarlos. La pasión entre el Cholo y la Mary no era ensayada y mucho menos guionada.

(Video: el beso de Susana Giménez y Carlos Monzón en «La Mary» / Youtube)

En este caso, el elegido no es un beso de película sino un besador de película: Roberto Sánchez, Sandro de América. Con su indudable pinta y sus labios carnosos era imposible no disfrutar del momento y cantar a dúo «Tengo un beso encandenado entre los labios y la llave de ese beso está en tu boca». Sus besos fueron tan inolvidables que merecieron una informe especial en el programa de Susana. Más de una coprotagonista al saber que el Gitano la besaría, esbozó una sonrisa y se dijo «encima me pagan».

(Video: El beso de Susana Giménez y Sandro / Youtube)

Por el lado de Hollywood, la fábrica de los sueños, siempre encontró en los besos un combustible para alimentar éxitos de taquilla y producir imágenes que nadie se cansa de ver. Entre tantos, uno de los más emblemáticos es el de Gene Kelly y Debbie Reynolds en Cantando bajo la lluvia. Después de que su chica lo besa, Kelly canta feliz mientras chapotea bajo la lluvia en uno de los bailes más encantadores del cine. Aunque el beso es breve, la escena posterior reflejó como pocas la alegría que siente cualquier mortal cuando lo besa la persona amada. Y aunque si bien casi nadie puede bailar con la gracia de Kelly, todo mortal merece -aunque sea una vez en la vida- recibir un beso que lo haga cantar bajo la lluvia.

(Video: El beso de Gene Kelly y Debbie Reynolds en «Cantando bajo la lluvia» / Youtube)

Si de ternura se trata el trofeo no se lo llevan actrices ni actores sino Reina y Golfo, los protagonistas de La dama y el vagabundo. Golfo decide llevar a cenar a su dama a un restaurante italiano, donde comparten un plato de espagueti con albóndigas. Mientras cenan, a la luz de una vela, el propietario del lugar les dedica la romántica canción «Bella Note». De pronto, un espagueti los une en un beso. La escena está tan bien lograda que desde entonces aparece en casi todos los listados de los «más famosos de la gran pantalla».

(Video: El beso de «La dama y el vagabundo» / Youtube)

Mitad del siglo XX, desde hace poco las mujeres votan aunque todavía no se les permite abrir una cuenta bancaria sin el aval del marido. La mayoría de los matrimonios duran para siempre, no tanto por amor sino porque divorciarse es impensado. En medio de esa cultura, el beso de Deborah Kerr y Burt Lancaster en De aquí a la eternidad provocó tantas fantasías como escándalo. En una playa desierta la pareja se besa con pasión. La escena es idílica salvo por un pequeño detalle: el brillo de la alianza de casada de ella. Desde entonces la mítica playa de Hawaii se convirtió en destino obligado para amantes enamorados, aunque casi un siglo después no importa si llevan anillo o no.

(Video: Beso de Deborah Kerr y Burt Lancaster en «De aquí a la eternidad / Youtube)

Urgente, sincero, reprimido y al límite de lo prohibido, otro beso que causó polémica fue el de los protagonistas de Secreto en la montaña. Se lo dieron Ennis del Mar (Heath Ledger) y Jake Twist (Jake Gyllenhaal) dos vaqueros tan rudos como reprimidos. El beso dejaba sin aire a los protagonistas pero también a los espectadores. Visceral, intenso y doloroso mostraba de antemano que esa historia de amor no tendría un final feliz.

(Video: el beso de «Secretos en la montaña» / Youtube)

No fue un beso sino tres y ninguno de ellos en la boca. Por eso la escena romántica que comparte Amélie (Audrey Tautou) y Nino (Mathieu Kassovitz) es una de las más originales y dulces. Cuando Nino aparece, la joven no le estampa el típico y cinematográfico beso. No, ella le da uno en la comisura de los labios, otro en el cuello y el último en el párpado. Así logra un momento tan íntimo y romántico que seguramente más de un espectador dejó de mirar la película para soñar con vivir un momento así.

(Video: el beso de «Amelie» / Youtube)

Una de las escenas más recordadas de Titanic es el beso entre Jack (Leonardo DiCaprio) y Rose (Kate Winslet) en la proa del barco. La escena se convirtió en una de las más icónicos de la historia del cine. Aunque sea altamente improbable repetirlo en la vida real -ya sea para personas que tienen vértigo o que abordan un crucero-, quién no soñó alguna vez besar y ser besado con una brisa golpeando la cara y en medio de un atardecer.

(Video: el beso de Jack y Rose en «Titanic» / Youtube)

Pero si alguien desea empacharse con los mejores besos de película, nada mejor que el maravilloso compilado de Cinema Paradiso. En menos de dos minutos, un taciturno y amargado Salvatore (Jacques Perrin) se conmueve hasta lo más profundo con los besos en celuloide que le dejó su amigo, Alfredo (Philippe Noiret). Esos besos dados pero censurados, filmados pero recortados lograron que Salvatore se reencuentre con la magia del cine pero también con el amor por la vida. Será porque los besos bien dados en pantalla conmueven y se creen pero en la vida real curan y sanan de un modo mucho más duradero y barato que el mejor antidepresivo.

(Video: compilado de besos de «Cinema Paradiso / Youtube)

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