Qué decía Alberto Samid, hace 23 años, sobre la causa que hoy lo tiene preso: “Tuve, tengo y tendré deudas impositivas, pero no soy evasor”

Alberto Samid en 1996, cuando comenzaba la causa por evasión fiscal

“Tuve, tengo y tendré deudas impositivas, pero no soy evasor”. Eso le decía José Alberto Samid (71) a GENTE en 1996, cuando comenzó este proceso que hoy lo tiene preso en la cárcel de Ezeiza. Según su abogado, Vicente Dáttoli, “aislado en una pequeña habitación, con el sanitario adentro de la misma, en la que sólo puede caminar alrededor de la cama, sin tevé ni radio ni lectura”.

El caso comenzó con una sonora denuncia contra el empresario de la carne, que dieron a conocer el entonces ministro de Justicia del gobierno de Carlos Menem, Elías Jassan, el titular de la DGI (hoy AFIP), Carlos Sánchez, y quien era secretario de Agricultura y Ganadería, Felipe Solá, hoy precandidato presidencial. Lo acusaban de ser “el cerebro” y “organizador” de una asociación ilícita que tenía “como objeto social defraudar al Estado”. El escenario elegido para el anuncio fue inusual: la propia Casa de Gobierno.

La causa, en aquel año, fue radicada en el Juzgado Federal que tenía a cargo el doctor Carlos Liporace. Y básicamente señalaba que Samid no depositaba en la DGI el IVA y la percepción que retenía a productores y minoristas. En aquel momento, al matarife le reclamaban 54 millones de pesos (o dólares: eran épocas del 1 a 1).

Samid fue detenido en Belice el 6 de abril: “Entré en pánico”, se excusó
Samid fue detenido en Belice el 6 de abril: “Entré en pánico”, se excusó

Pasaron 23 años y el asunto todavía da vueltas en los meandros judiciales. En febrero del año pasado, el Tribunal Oral en lo Penal número 1 declaró “extinguida la acción penal” sobre Samid y su hermana Nélida por “el transcurso del plazo razonable para su ejercicio”. Es decir que estaba prescripta.

La AFIP recurrió al Tribunal de Casación integrado por los doctores Juan Carlos Gemignani, Mariano Borinsky y Eduardo Riggi, que el 24 de agosto del 2018 revocó aquella decisión y ordenó proseguir la causa.

Así, el 18 de marzo comenzó el juicio oral contra él, su hermana y otras ocho personas: Francisco Burgos, María Susana Moreno, Lilian Lastoria, Luis Balanho, Zoraida Martín, Roberto Cañete, Teresa Fornasier y Claudio Pileo.

La fiscalía solicitó una pena de seis años y medio contra él, y la querella, siete (el Código Penal prevé entre cinco y diez). El problema fue que Samid no se presentó y salió del país a través de Paraguay (aparentemente el 24 de marzo), aunque lo tenía prohibido. El Tribunal Oral integrado por los doctores Diego García Berro, Ignacio Fornari y José Michillini pidió su captura internacional.

Mientras estuvo prófugo dio entrevistas: dijo que estaba en una estancia y que le tenían que dar una medalla. El 6 de abril fue detenido en Belice. Entonces pidió perdón y adujo que entró en pánico. Esposado, fue enviado con prisión preventiva a Ezeiza. Su abogado solicitó que “se amplíe el examen médico psicofísico, a fin de determinar si (…) padeció un trastorno psíquico temporario”.

Hasta ahora, la palabra del empresario sobre el nudo del problema no fue oída. Pero esto explicaba en la edición 1622 de GENTE, del 22 de agosto de 1996. A continuación, los principales párrafos de aquella nota.

La nota de Gente de 1996 y un claro título: Samid, ¿cuántos millones evadió?”
La nota de Gente de 1996 y un claro título: Samid, ¿cuántos millones evadió?”

“Vení, vení. Antes de empezar a hablar te quiero mostrar algo. Sentate, mirá: la DGI dice que no me conoce, ¿no? Bueno, en estas carpetas tengo todos los comprobantes, mil papeles de la DGI. Leé, leé… Acá, ¿quién firma este papel? Ricardo Cossio… Dirección General Impositiva… Clave Única de Identificación Tributaria… número veinte-barra-cero-siete-siete-nueve-cuatro-tres-cuatro-cero-barra cinco. Anotá, anotá. Ja, y dicen que no me conocen…”. José Alberto Samid sabe que la mejor defensa es un buen ataque. Y no da respiro.

Ni bien el cronista y el fotógrafo de GENTE ponen un pie en su casa, empieza a hablar con su voz chillona. Muestra papeles, los desordena. Suda a mares. De vez en cuando se pasa por la frente un pañuelo que le alcanza Marisa Scarafía –su mujer–, toma mate amargo y Seven Up diet, y se niega a posar para las fotos, porque “no quiero parecer Trovato (se refiere al juez), yo estoy preocupado”.

Es el lunes 19 (de agosto) a las siete en punto de la tarde, y en la casa festejan el cumpleaños de María del Sol, su hija mayor. Todo es vorágine en la vida de este hombre, al que Carlos Sánchez, el titular de la DGI, acusó de evadir impuestos por 54 millones de pesos y de ser el cabecilla de una asociación ilícita destinada a apropiarse de fondos del Estado.

En medio del vértigo suena el teléfono: “Atendé –le pide a su mujer–, pero después cortá, no estoy para nadie”. Y sigue: “Éste es un problema de contadores, pero ¿ves? Tengo como cinco millones de papeles de la DGI…”.

–Pero, Samid, si tenía toda esta documentación, ¿por qué esperó hasta ahora para mostrarla?

–Pero… ¿qué denuncia? Mis abogados dicen que está en secreto de sumario. Todos conocen la denuncia sottovoce, pero nosotros no tomamos conocimiento formal.

–¿Acaso no vio por televisión la conferencia de prensa en la Casa de Gobierno, cuando el ministro de Justicia, Elías Jassan, el titular de la DGI, Carlos Sánchez, y el de la Secretaría de Agricultura y Ganadería, Felipe Solá, la hicieron pública?

–Pero ellos no dijeron de qué se trataba.

Voy y vengo. Samid en pleno escape, con sombrero y gafas. El 24 de marzo habría pasado a Paraguay, y de allí, vía Panamá, a Belice. En el pueblo de San Pedro de ese pequeño país caribeño lo detuvo Interpol.
Voy y vengo. Samid en pleno escape, con sombrero y gafas. El 24 de marzo habría pasado a Paraguay, y de allí, vía Panamá, a Belice. En el pueblo de San Pedro de ese pequeño país caribeño lo detuvo Interpol.

–¿Cómo que no? Si al otro día salió en todos los diarios. ¿Tampoco los leyó?

–Está bien, está bien. Nosotros vamos a demostrar que eso es falso. Acá hay un problema de fondo: se acusa a los frigoríficos de evasión, y es mentira. La participación del IVA total de los frigoríficos es del 10 por ciento, el 60 por ciento de los ganaderos, y el 30 por ciento restante de supermercados y carnicería. Esto significa que si hay 700 millones de dólares evadidos, a los frigoríficos les corresponden 70 millones.

–En la denuncia, lo que se dijo es que los frigoríficos no depositaban en la DGI el IVA y la percepción que retenían a los productores y a los minoristas. Ése es el cargo que le hacen.

–En el país hubo un sistema confiscatorio: cada diez días había que anticipar el pago, y mientras tanto se vendía la carne y había que esperar hasta sesenta días para cobrar. Era imposible de pagar. La Cámara Argentina de Frigoríficos (CADIF) presentó un amparo contra esto. Lo ganó en primera y en segunda instancias, y a partir de ese momento ningún frigorífico pagó, no sólo el frigorífico de Samid.

–¿Y esa plata que no se pagó, quién se la guardó? ¿Usted?

–No, no, no. Como no pagó nadie, bajaron los precios al consumidor. Con el viejo sistema, la carne sería más cara. Pero atrás de esto hay un problema comercial. Hay 52 frigoríficos que se dedican a la exportación, y cinco de ellos tienen el 80 por ciento de lo más importante: la Cuota Hilton. Y estos frigoríficos anduvieron muy bien hasta el problema de la vaca loca. Ahora, la Cuota Hilton no vale nada. En Europa no hay consumo, y acá se habló mucho de que les íbamos a vender a los Estados Unidos, pero hasta ahora no pudimos venderles ni 100 gramos. Esto es una campaña. Nunca tres funcionarios de primer nivel toman la Casa de Gobierno y hacen una denuncia contra un ciudadano.

–Bueno, para hacer una denuncia ahí se lo tiene que haber permitido el presidente Menem.

–Bueno, no sé si es así. No lo creo.

–Vamos, Samid, no van a entrar en la Rosada sin permiso.

–Está bien, bueno. Fue un momento especial: un día después del paro… un día antes de la Rural. Pero mire a mi alrededor. No vivo mal, pero tampoco en la suntuosidad, como dicen. Esta casa la tengo desde hace más de veinte años, en el barrio donde vivió mi padre y donde van a vivir mis hijos.

“Tuve, tengo y tendré deudas impositivas, pero las voy a pagar. No soy un evasor”, aseguraba Samid hace 23 años
“Tuve, tengo y tendré deudas impositivas, pero las voy a pagar. No soy un evasor”, aseguraba Samid hace 23 años

–Samid, de acuerdo con lo que usted dice, es un santo. Pero para la DGI, no. ¿Cuántos millones evadió?

(Se enoja) Un momento, yo no soy evasor. Mire: tuve, tengo y tendré deudas impositivas, pero las voy a pagar. Además, ¿quién no tiene deudas en nuestro país? Todo esto es de mala leche. Por ejemplo: en la denuncia que salió en los diarios se me acusa de poseer el Frigorífico Redal. Y hace unos meses Mariano Grondona tuvo en su programa a los dueños de Redal peleando con Solá y dos inspectores del SENASA.

–En la denuncia también se dice que tiene frigoríficos a nombre de personas que actúan como sus testaferros, o que directamente no existen.

–No. Yo pregunto: Macri, Bulgheroni o Pérez Companc tienen 40 o 50 empresas con distintos directores. ¿Y qué son, testaferros también?

–Pero entonces, ¿cuántas empresas tiene?

–Personalmente, vivo del frigorífico Morón. Mi familia tiene otras empresas. De ésas, que hablen ellos.

–Volvamos a la denuncia: ¿sus bienes están a su nombre?

–Tengo todo a mi nombre. Ahí tengo todo, si le mostré las carpetas con mis impuestos…

El tiempo, ¿pasa?. En más de dos décadas, la Justicia argentina no pudo determinar la culpabilidad o inocencia de José Alberto Samid. GENTE ya se preguntaba en 1996 cuántos millones había evadido el matarife. Después de su captura fue exhibido esposado. Y la causa sigue su curso.
El tiempo, ¿pasa?. En más de dos décadas, la Justicia argentina no pudo determinar la culpabilidad o inocencia de José Alberto Samid. GENTE ya se preguntaba en 1996 cuántos millones había evadido el matarife. Después de su captura fue exhibido esposado. Y la causa sigue su curso.

–El otro día, por televisión, dijo que tenía todo a nombre de una sociedad.

–Una sociedad anónima a nombre mío.

–En la denuncia también se dice que vive gracias a las donaciones de sus familiares.

–(Señala las carpetas) ¿Pero cómo voy a vivir de donaciones? Jamás, siempre viví de mi trabajo. El juez de la causa va a tener la documentación cuando lo requiera. ¿O usted no vio todas esas carpetas? Está todo a mi nombre.

–¿Hace autocrítica, se mira para adentro y reconoce sus errores?

–Sí, y son más mis errores que mis aciertos.

–¿Cuáles son sus errores?

–Y… son muchísimos. En la mayor parte de las cosas que hago, me equivoco. Cuando pasa el tiempo y reflexiono me doy cuenta de que si tenía que tomar un camino, he tomado el otro. Las decisiones hay que tomarlas en frío. Y yo las tomo muy caliente…

–¿Incluyó en su autocrítica el tema de la evasión?

Le repito que no soy evasor, soy deudor. Me presenté en todas las moratorias, y sí, soy deudor en la DGI. No digo que no debo. Yo debo, pero estoy pagando.

–¿Y cuál es la diferencia entre una cosa y la otra?

–El deudor es como yo, que voy refinanciando. Como el país, que también tiene que refinanciar. Nosotros tenemos un compromiso con el FMI y no lo podemos pagar. ¿Y por eso somos un país evasor?

–Usted dice que toma decisiones en caliente. ¿Es violento?

–Para nada. Nunca tuve una actitud de violencia contra otro ser humano.

Por Hugo Martin.
Fotos: Archivo Atlántida y captura de TV.

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