Cristina lo hizo de nuevo

Cristina Fernández de Kirchner candidata a vicepresidente. Solo ella pudo imaginar ese escenario y sacudir todo el tablero político un sábado de otoño. A pocas horas de enfrentar el primer juicio oral y público por corrupción, la ex Presidente demostró que sigue manejando la agenda política a su antojo. Primero con la presentación de su libro “Sinceramente”, más tarde visitando la sede del PJ  y finalmente con la sorpresiva designación de Alberto Fernández como su candidato a presidente.

La fórmula de los Fernández era difícil de imaginar, una alquimia que puede ser un cisne negro o un rotundo fracaso. No hay dudas de que fue una jugada a todo o nada. El estilo inconfundible de ella. Una decisión en solitario o compartida en su círculo mínimo. “Es la Cristina de siempre, la que toma las decisiones sin consultar a nadie”, dijo Eduardo Duhalde cuando le preguntaron sobre la sorpresiva fórmula luego de calificarla de “gran error”.

Es el primer caso de una precandidata a vicepresidente que anuncia el lanzamiento de su compañero de fórmula que aspira a convertirse en presidente. Y todo eso por las redes sociales. Es la Argentina y cualquier cosa puede pasar.

Alberto Fernández es un kirchnerista con imagen de moderado y racional, con buena llegada en varios sectores del peronismo, los medios y los empresarios. Es un armador y un dialoguista, pero también es el hijo pródigo que vuelve luego de haber criticado ferozmente el segundo gobierno de su flamante compañera de fórmula. Muchos sostienen que su elección constituye esa autocrítica, aunque implícita, que siempre se le pidió y una cabal muestra de maduración política de no apoyarse en los incondicionales.

Es cierto, Alberto Fernández puede resultar más digerible en una fórmula para algunos, aunque para otros es solo un movimiento sin ningún cambio de fondo. Una muestra del gatopardismo del kirchnerismo que por lo general, hay que admitirlo, le ha dado buenos resultados. No puede soslayarse que el objetivo también es la conquista de los gobernadores y neutralizar las intenciones de Juan Schiaretti de construir una alternativa que rompa la polarización.

No es una novedad que Alberto Fernández no tiene votos propios, que la gran mayoría de los que coseche la fórmula que encabeza serán aportados por su compañera. Por eso, es difícil imaginar que quien tenga los votos renuncie al poder, más allá de la comparación con la presidencia de Cámpora. El fantasma de Chirolita sobrevuela al candidato.

Mientras tanto el Gobierno mira azorado, sin poder festejar la tranquilidad del dólar en la última semana y la baja de más de un punto de la inflación en abril. Los diez puntos de consenso lanzados hace no más de dos semanas se diluyeron. Ya no son parte de la agenda política, quedaron sepultados en el huracán desatado por Cristina que sigue siendo fiel a sí misma. Por el momento, no muestra iniciativa de ocupar el centro del escenario político.

Es muy difícil entender la magnitud de las grandes movidas políticas durante los primeros días. Hay muchas incógnitas. Una de ellas es por qué la ex Presidente declinó en competir como candidata a presidente. Las encuestas le daban una ventaja nada despreciable y los causas por corrupción que se le siguen no le quitaron votos. Sobre las verdaderas razones de su decisión se tejen innumerables incógnitas.

Es difícil pensar que declinó un tercer mandato porque se dio cuenta que ella divide cuando justamente eso es parte de su ADN político. Es claro que también los interrogantes sobrevuelan el peronismo, especialmente la vertiente de Alternativa Federal. ¿La fórmula de los Fernández implica un kirchnerismo rebajado digerible para muchos integrantes de ese espacio? Ese “peronismo racional” se encuentra en un encrucijada, temen caer en una trampa hábilmente bordada por Cristina o perder la posibilidad de volver al poder. En cuanto al Gobierno será interesante conocer, más allá de las primeras impresiones de sorpresa, con quién confrontará. ¿Seguirá polarizando con Cristina, ignorando la figura de Alberto Fernández? ¿Privilegiará en la campaña la figura del ex jefe de gabinete? Aunque será difícil ignorar a la ex Presidente. Consultado por este cronista, un funcionario cercano al Mauricio Macri respondió “son muy raros”, admitiendo su desconcierto.

Como sea, nunca un candidato a vicepresidente habrá sido tan importante. Cristina Fernández lo hizo de nuevo.