Alberto Fernández cerrará su campaña en Mar del Plata con un mensaje que apuntará a conservar la esperanza

Los Fernández en el Día de la Lealtad en Santa Rosa, La Pampa (Gustavo Gavotti)

Con Cristina Fernández de kirchner no se podía y con ella sola no alcanzaba. La frase hasta se la dijo ella misma a Alberto Fernández tras una reconciliación en la que fueron puente su hijo Máximo Kirchner y antes Juan Cabandié que abrió el quincho de su casa, a metros de la cancha de Argentinos Juniors, para el ex jefe de gabinete y para sucesivos encuentros con intendentes bonaerenses distanciados del kirchnerismo duro.

En el cierre de La Plata, junto a Axel Kicillof y Verónica Magario, la ex presidenta se adjudicó el copyright de la unidad peronista. Recordó que dos años atrás conformó Unidad Ciudadana y señaló ese como el primer paso para el regreso del Frente Renovador a la fuerza política en la que nació. No serán la misma cosa, aseguran, y cada cual mantendrá su identidad, aunque en caso de confirmarse el triunfo Sergio Massa sería el presidente de la Cámara de Diputados, Cristina Kirchner la autoridad máxima del Senado y Alberto Fernández estaría por sobre ambos como presidente de la Nación conformando una tríada de poder para los próximos cuatro años.

Aquel paso de Cristina fue en sí mismo una división, aún cuando ella apuntaba a buscar adhesiones más allá de la propia fuerza política. Se fue del PJ, circunstancialmente, para volver después al lugar del que se había ido. Hace un año hasta fue intervenido el partido con las denuncias en contra de sus autoridades por las derrotas sucesivas. Y ella, que siendo presidenta no pisó la sede de Matheu, fue de visita en mayo apenas unos días antes de anunciar la fórmula presidencial.

La situación económica fue juntando los pedazos del peronismo. También los reencontró el debate por el aborto legal y la frustrada reforma laboral. Dentro del Congreso arrancaron, tibios, los primeros reacomodamientos. De un lado, el kirchnerismo; del otro el peronismo no K que actuaba en tándem entre los diputados que representan a los gobernadores y los senadores del peronismo federal de Miguel Pichetto. El Frente Renovador, sufrió una sangría de figuras y de votos y Sergio Massa intentó fortalecer la tercera vía con Juan Schiaretti, Pichetto, Juan Manuel Urtubey y gobernadores que nunca terminaban de animarse a enfrentar a CFK a pesar de la distancia y el hielo. La irreductible posición de Roberto Lavagna que se negó a una PASO y las conversaciones de Massa con el kirchnerismo fueron la excusa que Pichetto tomó para aceptar, sin dudar, la propuesta de Mauricio Macri para integrar la fórmula de Juntos por el Cambio.

La oferta fue la reacción del Presidente al sorpresivo anuncio del 18 de mayo a las 9 de la mañana. Cristina Fernández incomodó hasta a los más leales que se sintieron fuera de juego con la elección de un precandidato. Algunos temían que el paso al costado de su jefa restara. Todo lo contrario, finalmente sumó.

Estar casi fuera de la escena y usar su libro, Sinceramente, como formato de campaña la dejó en un lugar de menor exposición y desarticuló el discurso del Gobierno que frente a los problemas económicos intentó usarla como escudo para mantenerse en el poder. También fue Alberto Fernández el ideológo de ese libro. Aún hoy jura que su objetivo no era ser elegido para la candidatura que heredó.

El primer abrazo de Sergio Massa, Fernández y Cristina Fernández, en el cierre de Rosario
El primer abrazo de Sergio Massa, Fernández y Cristina Fernández, en el cierre de Rosario

De armador a principal jugador

Cuando el ex jefe de gabinete aceptó ocupar el primer lugar apenas era un gran operador político que visitaba a gobernadores, intendentes y sindicalistas propiciando la unidad. Algunos creían que era más un gran DT que un diez en la cancha. En el proceso previo, fue Fernández quien hizo que la ex Presidenta se reconciliara con el ex procurador Esteban Righi, con el Movimiento Evita que junto a él armó la campaña de Florencio Randazzo y también con Felipe Solá que hasta era propuesto como el vice de la ex presidenta si ella en lugar de dar un paso al costado anunciaba su propia candidatura. En aquel momento Alberto admitía que los votos que podía tener eran la herencia que le dejaba Cristina y reconocía su generosidad.

Los primeros pasos del candidato parecieron desarticulados, sin territorio propio ni estructura. Hasta estuvo internado y se puso en duda su continuidad. El hizo reuniones políticas en la clínica y se presentó como su propio jefe de campaña a contramano de lo que muchos proponían. Construyó poder a través del diálogo, una de sus mayores habilidades políticas. Dio mensajes ambiguos, entre el enojo kirchnerista y la amplitud de gestos como dar entrevistas al grupo al que enfrentó feroz su compañera de fórmula. Tejió alianzas uno a uno con los gobernadores, se juntó con intendentes bonaerenses, los convenció de que Axel Kicillof era la mejor opción y mientras tanto esperó la decisión de Massa. Cuando finalmente sellaron la unidad, una parte del Frente Renovador se fue con Roberto Lavagna. Fueron el eslabón perdido que buscan recuperar después del 10 de diciembre. Metió adentro a todos los demás, desde Hugo Moyano a la CTA, todo el sindicalismo excepto Luis Barrionuevo, UATRE y algunos pocos más. También trajo de regreso a Randazzo y hasta a Gustavo Béliz. A la inversa del camino hecho por el cristinismo, atrajo a los heridos, desarmó rencores y reivindicó dos veces en una semana a Daniel Scioli que quería su revancha después de la derrota de cuatro años atrás.

Hoy llega al acto de cierre en Mar del Plata con la tropa ordenada, La Cámpora y los leales a Cristina acomodados detrás de sus candidatos a senadores e intendentes y consolidados los acuerdos en las provincias que la propia Cristina había empezado cuando en varios distritos bajó a sus candidatos para garantizar un contundente triunfo peronista.

Fernández empezó a crecer en el ejercicio de la precandidatura y lo que pareció una estrategia caótica tomo forma coherente y sentido a medida que mostró el cuadro completo del que sólo quedaron fuera, además de Lavagna y Urtubey, el cordobés Schiaretti. Algunos, como los renovadores misioneros Hugo Passalacqua, Oscar Herrera Ahuad y Carlos Rovira jugaron a la prescindencia hasta alzarse con tres cuartos de los votos para la gobernación. Fernández esperó paciente y después de las PASO los subió al escenario. Alineó incluso a los divididos en Chaco y en Tierra del Fuego donde las diferencias entre peronistas y aliados parecían imposibles de conciliar.

Logró otro imposible: que se acallaran voces contraproducentes para el objetivo de la campaña, desde Dady Brieva a Aníbal Fernández y hasta la siempre combativa Hebe de Bonafide. El plan no fue perfecto pero sí mejor que en el 2015 y el 2017. Lo hizo a base de reuniones y llamados de teléfono. “Su compromiso físico fue tremendo”, dicen muy cerca suyo los que esperan que tome un poco de descanso.

La situación económica, la crisis, los errores del macrismo hicieron el resto mientras Fernández pasaba de defender a Cristina Fernández y de ocupar un segundo lugar aún siendo el candiato a presidente, a tomar centralidad. Lo ayudó también que ella dejara de hablar y viajara varias veces a Cuba. Recién en el cierre previo a las PASO, en Rosario, pareció emponderarse y creérsela, a tomar el liderazgo por sobre la sombra de la ex presidenta que sigue generando dudas sobre cuál será su rol.

Fernández junto a los miembros de la Mesa de Enlace: Sociedad Rural, CRA, Coninagro y Federación Agraria
Fernández junto a los miembros de la Mesa de Enlace: Sociedad Rural, CRA, Coninagro y Federación Agraria

El cambio después de las PASO

Los catorce millones de votos de las primarias, su crecimiento como candidato, el orden que impuso en su distrito, la Capital, donde también designó a un extrapartidario como Matías Lammens como candidato a jefe de gobierno en su debut electoral, lo plantaron en otro lugar. Después del 11 de agosto cambió el tono de campaña y en lugar de trajinar distrito por distrito espació los actos y viajes para empujar acuerdos sectoriales con los sindicalistas, los empresarios y hasta buscó la reconciliación con la Mesa de Enlace que con su reclamo por la resolución 125 inició una década atrás el fin del kirchnerismo. Al menos en apariencia. Además, viajó a España y Portugal, Bolivia y Perú pero perdió una oportunidad de visitar México. Tal vez ese sea uno de sus primeros próximos destinos. Preservó la distancia que quiso imponer a Estados Unidos y se mantuvo firme en su reclamo ante el Fondo Monetario Internacional, fondos y otros organismos. Las negociaciones las dejó pendientes para después del domingo. Si le quedó un pendiente tal vez sea la provincia de Córdoba, distrito tan esquivo como la Ciudad. De hecho su última visita fue para exponer ante la Fundación Mediterránea. Prefirió este último tiempo concentrarse allí donde puede sacar más ventaja aunque esta semana dio varias entrevistas a radios del interior como ayer también en La Plata. Dicen que no se resignó.

En el camino trató de no hacer anuncios sobre gabinete para evitar el desgaste de su gente. Le pareció largo el tiempo entre el 11 de agosto y este domingo. Sin poder ocultar algunos protagonismos armó equipos y mantuvo tozudo a los propios, íntimos, pocos, y cercanos. Su mano derecha es y será Santiago Cafiero, también Felipe Solá y Eduardo ‘Wado’ de Pedro.

En Mar del Plata habrá un escenario de 25 metros de ancho similar al de Rosario y el pampeano
En Mar del Plata habrá un escenario de 25 metros de ancho similar al de Rosario y el pampeano

Los actos: de la montaña al mar

El cierre de hoy será un balance y un mensaje para la esperanza, a pesar de que, si gana, no anuncia una tarea sencilla. La música que acompaña cada acto y la puesta en escena, de día y con sol, va en el mismo sentido. La semana pasada en Santa Rosa, La Pampa, se impuso la estética del grupo de comunicación cristinista que se repetirá esta tarde en Mar del Plata.

La elección de la ciudad balnearia tiene muchas aristas. No es sólo uno de los mayores municipios del país donde apuestan aganar de la mano de Fernanda Raverta. Es la conclusión de una estrategia que buscó mostrarlo (tal vez como Cambiemos a Macri en el 2015) en toda la geografía nacional siempre al aire libre con paisajes argentinos: montaña, río, lago, el campo y ahora, el mar.

Se pisan los talones con el macrismo que ayer hizo un gran acto con Mauricio Macri, María Eugenia Vidal y Guillermo Montenegro. Los mensajes de Juntos por el Cambio buscaron poner al peronismo en el lugar de la violencia y lejos de la democracia.

Fernández en cambio, en el último día en que puede hacer campaña (en los hechos la veda comienza mañana a las 8), volverá a rescatar la unidad del peronismo, la representatividad de los sectores más desprotegidos, al peronismo como un movimiento que busca “ampliar derechos”, la “generosidad” de Cristina; y la larga lista de temas en los que se siente diferente del macrismo, como el foco en la educación pública y la mirada sobre el hambre y el empleo. “Que se queden ellos en la grieta”, repetirá una frase que estrenó el domingo último en el debate presidencial. Junto con el crecimiento económico y su plan contra el hambre, incluir a todos y terminar con la grieta es su mayor desafío.

En La Feliz no habrá muchos gobernadores. Y los que vayan no subirán al escenario a diferencia del cierre de las PASO donde el candidato a presidente todavía necesitaba mostrar su poder territorial, su capacidad de liderazgo y un futuro con gobernabilidad y federalismo.

Ahora, sobre un escenario de 25 metros de ancho, todo el ancho de la rambla marplatense, estarán Critina Fernández y Alberto Fernández junto a Axel Kicillof. En principio serían ellos tres mientras el resto de los intendentes, gobernadores, candidatos de distintos distritos, de Capital y Buenos Aires principalmente, ocuparán dos tribunas para 200 y 1000 personas respectivamente. Habrá 6 pantallas detrás de los candidatos, en totems similares a los del último acto en La Pampa en los que se proyectarán imágenes con estética casi adolescente. En broma, le llaman el “Perón Pallooza” y esperan que la gente llegue hasta la Plaza Colón, trayecto en el que habrá más pantallas para que se vean y oigan los discursos.

Será el cierre final, en una semana de varios cierres, en Tortuguitas, La Plata y Resistencia. Seguramente Fernández se plantará casi como si ya fuera ganador y le pedirá al Presidente que el lunes “sea responsable” y que mientras gobierne “no haga más daño”. Lo dijo y lo repetirá.

Bajo la hipótesis de un triunfo ya piensa que si el presidente Macri lo llama el lunes para hablar, ese mismo día iría a verlo a la Casa Rosada.

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