Cómo DC ha intentado introducir ‘Watchmen’ en su universo tradicional de comics de superhéroes

DC estuvo interesada en explotar el éxito del cómic de Alan Moore y Dave Gibbons prácticamente desde su lanzamiento, cuando se convirtió en uno de los mayores éxitos de la editorial en los ochenta. Y para disgusto de Moore, que había concebido su obra como una pieza independiente, y se sintió estafado por DC, ya que pensaba que en algún momento los derechos de los personajes volverían a ser de su propiedad.

Como sabemos, DC se valió de triquiñuelas legales para retener esos derechos, lo que le permitió licenciar la historia para, hasta la fecha, una adaptación directa en cine y una singular secuela en HBO. Y también para dar el tremendo golpe de efecto de integrar a los héroes de ‘Watchmen’ en el Universo DC, una idea que de partida puede parecer disparatada, pero que permite explotar a fondo la iconografía de la serie (de los relojes y la narración en espejo al smiley manchado de sangre).


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Y también permite establecer paralelismos con los héroes de la casa, lo que tiene todo el sentido del mundo -ya que Moore se planteó a muchos de los personajes de ‘Watchmen’ como réplicas de Superman o Batman, entre otros- y a la vez es un auténtico despropósito -precisamente por el mismo motivo-. La herramienta con la que DC ha logrado esta inmersión del Universo Watchmen en el de los héroes DC se llama ‘Doomsday Clock’ y concluye a finales de este año.

La historia de los héroes de Watchmen

Es bien conocido que los héroes de ‘Watchmen’ no salen de la nada. Su inspiración son una serie de personajes de la editorial Charlton, que DC compró en 1983. Charlton funcionó entre 1945 y 1986 y vivió todas las eras de la industria del comic-book americano. Fue relevante desde el punto de vista empresarial porque su actividad cubría todas las etapas de la producción de un tebeo, desde la impresión a la distribución. Y entre algunos de sus personajes de los que fueron relanzados con éxito por DC están Capitán Atom, Blue Beetle o The Question.

Ditko Question Vic Sage Disguise ‘The Question’ vesión Charlton, de Steve Ditko.

Moore quería llevar a cabo un experimento similar al que había tenido lugar con ‘Miracleman’ (aunque si llega a saber cuando tuvo la idea los dolores de cabeza que le daría ese personaje, se lo habría pensado dos veces), y reutilizar una línea de personajes ajenos. En principio pensó en los Mighty Crusaders de Archie Comics, pero luego acudió a los personajes de Charlton y lo propuso a DC.

Dick Giordano, el editor de DC, prefirió que lo hiciera sobre personajes propios, y Moore aceptó, pero decidió usar iconos superheroicos muy reconocibles (del justiciero / ave nocturna al superpoderoso casi divino). Aún así, el rastro de los héroes de Charlton de su proyecto original es muy reconocible: Rorschach es The Question, Dr. Manhattan es Capitán Atom, Búho Nocturno es Blue Beetle, El Comediante es Peacemaker, Ozymandias es Thunderbolt y Espectro de Seda es Nightshade.

atom Captain Atom, el Doctor Manhattan de Charlton

Watchmen post-Watchmen

Es conveniente recordar este pasado de los personajes de Watchmen como héroes reciclados no solo para poner en su justo lugar las invectivas anti-DC de Moore, sino también para entender que estos héroes son lo suficientemente dúctiles y adaptables como para interactuar con otros personajes ajenos a su universo. Al fin y al cabo, su naturaleza se lo permite. DC ha vuelto a intentar demostrarlo con ‘Doomsday Clock’, una serie de 12 números cuya publicación se ha prolongado desde 2017 a 2019 (su cadencia no ha sido siempre mensual y el número 12 saldrá en diciembre) que no funciona únicamente como mera secuela del original.

También es la conclusión de ‘DC: Rebirth’ (‘Renacimiento’ en España), un evento que en 2017 intentó devolver a los héroes DC a un punto más o menos anterior a los del fallido evento ‘The New 52’, que pretendió cambiar la estética, rejuvenecer los héroes y dar un impulso en ventas a todos los personajes DC. ‘Rebirth’ es la enésima nueva versión de la mítica ‘Crisis en Tierras Infinitas’ que calentó el terreno de los “cómics de superhéroes para adultos” justo antes de la llegada de ‘Watchmen’ a mediados de los ochenta, y vuelve a fundir todas las múltiples líneas temporales de DC en una sola, esta vez con la ayuda del mismísimo Doctor Manhattan de ‘Watchmen’.

Esa recuperación del status quo es lo que cuenta ‘Doomsday Clock’, escrita por Geoff Johns y dibujada por Gary Frank. El punto de partida es que tanto ‘Watchmen’ como el Universo DC funcionan como universos independientes, parte del multiverso DC, y se consideran mutuamente personajes de ficción. Siete años después de la devastadora conclusión de ‘Watchmen’ se publican los diarios de Rorschach y el plan de Ozymandias queda expuesto, convirtiéndose en un prófugo. Pretende iniciar la búsqueda del desaparecido Doctor Manhattan para que salve al mundo de un destino que él mismo ha desencadenado.

Mientras tanto, en el Universo DC se genera la teoría conspirativa de que el gobierno de los Estados Unidos está creando superhumanos a su servicio, en una especie de carrera armamentística internacional de superhéroes. Una línea argumental que arranca, según contaba Johns a ‘Wired’, cuando se preguntó por qué casi todos los superhéroes del mundo son norteamericanos (un 97%, según las cifras que da el cómic). Firestorm sería el más famoso de estos superhéroes gubernamentales.

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En el Universo DC son Batman y Flash los que llevan adelante la investigación de qué demonios es esa chapa con un smiley que ha aparecido en la batcueva. Flash, no lo olvidemos, es esencialmente el recurso de DC para jugar una y otra vez con la continuidad y los multiversos: Barry Allen / Flash fue quien, intentando manipular las líneas temporales para que su madre no fuera asesinada desencadenó el evento ‘Flashpoint’, que fue el que llevó a los cambios de ‘The New 52’.

Pronto descubren que Doctor Manhattan es el auténtico responsable de toda esta manipulación de las líneas temporales, y no es el único personaje de ‘Watchmen’ que anda por allí: Ozymandias viaja entre dimensiones acompañado del nuevo Rorschach, cuya identidad no revelaremos aquí. Pero está obviamente vinculado al antihéroe original, aunque no de forma cosanguínea. Acabará en Arkham, claro, y el Joker tendrá unas cuantas cosas que discutir con él. No es la única sorpresa que espera al lector: uno de los difuntos por excelencia de la serie original resulta haber estado en pie todo este tiempo, vivito y coleando en el DCU.

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No solo en el argumento tiene deudas este ‘Doomsday Clock’ con ‘Watchmen’: como en la mítica serie original, cada número está estructurado con páginas de nueve viñetas (o esa misma rejilla), y hay documentos de todo tipo, de páginas de periódico a ensayos, que expanden el universo de ficción. El resultado es una réplica y un homenaje incapaz de distanciarse de la sombra de su colosal predecesor, pero que tampoco lo pretende. La intención de ‘Doomsday Clock’ es, como afirma el propio Doctor Manhattan, completo reflejo y complemento de Superman en los últimos números, llegar a “un mundo menos complicado“.

Es decir, solucionar el maremagnum de multiversos en el que (otra vez) se ha convertido el Universo DC. Pero, sobre todo, lo que quiere la editorial disponer de los personajes de ‘Watchmen’ para contar con ellos como superhéroes convencionales. Y de paso, seguir reteniendo los derechos de una obra que, mayúscula o no, revolucionaria o no, sigue brindando sustanciosos dividendos a la incansable maquinaria industrial de cómic USA.

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John Tones

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