Qué consejos le daría Mauricio Macri a Alberto Fernández para que le vaya bien

Alberto Fernández y Mauricio Macri (Adrián Escandar)

“No te tientes ahora subiendo a Dylan al Sillón de Rivadavia”, le podría decir el presidente saliente, Mauricio Macri, a su sucesor, el presidente electo Alberto Fernández, en un diálogo ficticio en el desayuno que compartirán este lunes.

“La foto subida a Facebook del perrito Balcarce me cosechó cientos de miles de likes, pero encierra la síntesis más clara de los errores de política comunicacional que me hicieron cometer a lo largo de estos cuatro años. Te recomiendo buscarte asesores en comunicación que no te hagan adicto a los likes y que entiendan de comunicación de crisis y gestión de la opinión pública”, le diría un Mauricio mucho más sabio a Alberto entre sorbo y sorbo de café.

¿Puede una foto tan simpática, tan descontracturada ser la causante de los errores de comunicación que socavaron cualquier posibilidad de éxito de la gestión de su gobierno? Por supuesto que no, pero marca el primer gran error, el punto de una trama llena de errores: un esquema comunicacional basado en una serie de dogmas que le impidieron a Macri encarar desde el primer día una gestión económica y política que podría haberlo llevado este domingo al podio de la reelección.

Macri le podría decir a Fernández que lo del perrito Balcarce era parte de una estrategia errada de minimizar la gravedad de la herencia recibida, luego de que durante la campaña la coalición Cambiemos machacara muy fuerte con la gravedad de la herencia que recibiría.

De hecho, quedó zanjado el debate entre expertos: ¿la clave del desacierto del gobierno de Macri fue la gestión o la comunicación? La respuesta: los caprichos o dogmas de comunicación impidieron una gestión exitosa en lo económico. Por eso fue tan trascendente la comunicación: por lo que impidió y por lo que no contribuyó a una gestión exitosa.

Sigamos con el diálogo: “Pensábamos que los inversores se iban a creer que el déficit fiscal de 7 por ciento de un PBI que se llevaba la mitad del esfuerzo de los argentinos, para nosotros iba a ser moco de pavo. Además, Durán Barba me decía que las encuestas daban que el 70 por ciento de la población estaba contenta con mi triunfo electoral, y que no tenía ningún sentido plantearle a la gente la dura realidad para ponerlos de mal humor. Me decían que todo se iba a arreglar solo con el buen humor de la gente, que no hacía falta encarar un ajuste de entrada ni plantear ningún escenario catastrófico ni proponer reformas estructurales políticamente incómodas, porque los inversores vendrían en manada, la economía crecería y seríamos todos felices. Y aquí estoy”.

Uno de los graves errores del gobierno de Mauricio Macri fue creer que en Wall Street no están perfectamente informados de lo que pasa en Argentina. Pueden ser llevados de las narices por un ratito, como el viernes antes de las primarias, con un par de encuestas dibujadas, pero el “big picture” lo tienen clarísimo. Jamás compraron la foto del perrito Balcarce. Hay distintos canales para llegar con distintos mensajes a distintos públicos. Pero no se le puede decir a uno una cosa y a otro, lo contrario, al mismo tiempo. El mundo está muy conectado.

Otro error comunicacional del que Macri alertaría a Fernández: “Me aseguraron que a nadie le interesaba la política más allá de un irrelevante círculo rojo de 4 por ciento, y ahora me doy cuenta de que este es el país más politizado del mundo y que el círculo rojo es esencial para bajarle línea al resto de la sociedad y la política”.

De hecho no queda muy claro de dónde sacó el equipo de comunicación liderado por el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y alimentado estratégicamente por las ideas del consultor ecuatoriano esa idea de que nadie más que a un minúsculo círculo rojo que “no mueve el amperímetro electoral”, está interesado en política.

Quizás no haya una mayoría interesada en los dimes y diretes de la política. Pero el argentino medio está sumamente atento a la política, como no podía ser de otra manera en un país en crisis económica desde hace 70 años.

La última encuesta de la Universidad de San Andrés a nivel nacional arroja que al 58 por ciento le interesa bastante. A la mitad de ese grupo le interesa mucho la política. Pero el esquema del “perrito Balcarce” predominó en toda la comunicación de crisis del gobierno. Quedó claro cuando surgió el escándalo de los Panama Papers, a los pocos meses, y fue reforzado cuando estalló la crisis económica de abril de 2018, hoy agravada peligrosamente en la transición.

No me aclararon que en un país en crisis yo debía estar todo el día en modo comunicación de crisis y que debía tener un staff especial que entendiera específicamente cómo hacerlo. Me decían que tenía que mostrarme humano, cercano y divertido”, le advertiría Macri a Fernández.

“Me dijeron que ni loco hiciera cadenas nacionales, como Cristina Kirchner, porque la gente estaba harta y que se había cansado de escuchar el blabla de los políticos, pero no me dieron ningún instrumento comunicacional para instalar en la opinión pública la necesidad urgente de las reformas estructurales, porque me aseguraron que a nadie le interesaba el tema y que era políticamente imposible, si no teníamos mayoría en el Congreso”, le confesaría Macri a Fernández.

Así fue como Macri perdió la oportunidad de instalar en la opinión pública la urgente necesidad de reformas desde el 10 de diciembre de 2015. Jamás le explicaron sus asesores de comunicación, que, con el envión del triunfo, si instalaba en los medios, con la ayuda del aval de terceros creíbles (líderes de opinión) iba a poder convencer a buena parte del peronismo derrotado de esos días que la Argentina precisaba un gran acuerdo nacional de reformas que hubiesen hecho innecesaria la crisis que arrancó en 2018. Para eso debía contar con asesores conocedores de los dos “issues”: la economía y la opinión pública.

Tampoco le dijeron que esas reformas sólo eran viables en el inicio de su gobierno. Después, la paciencia se agotaría.

Jaime Durán Barba confesó al inicio de la gestión Macri en un programa de Mirtha Legrand: “Yo de economía no entiendo nada”. Sin embargo, sus consejos impactaron de lleno en las posibilidades de Macri de resolver la gravísima crisis económica que había heredado y no pudo resolver. Faltó un equipo multidisciplinario entrenado en crisis y conocedor de la política.

Fue Durán Barba quien sugirió ya a fines de 2018, cuando se empezaba a vislumbrar que no habría recuperación previa a las elecciones, que en la campaña 2019 Juntos por el Cambio debería eludir la economía. Un delirio. Las encuestas estaban mostrando que los temas económicos se llevaban el 70 por ciento de las preocupaciones de la opinión pública, y la única forma de abordar ese problema desde el gobierno de una manera creíble en campaña hubiese sido admitir abiertamente los errores y la mala praxis que llevaron a la crisis y debatir un plan económico totalmente distinto para un segundo mandato. Las promesas económicas de último momento, tras la derrota en las PASO, no sonaron creíbles porque Macri no explicó si entiende en qué se equivocó.

“Sé que ahora me vas a echar la culpa a mí por la crisis económica que vas a heredar, pero si querés hacer las reformas imprescindibles para sacar a este país adelante, vas a tener que remontarte un poquito más atrás en el tiempo, Alberto”, le diría Macri a Fernández sirviéndose otro café, y remataría: “Ojo que la grieta sirve solo para un ratito. Después la gente busca resultados”.

Es un consejo al que Fernández debería prestarle mucha atención, porque la Argentina precisa reformas a un esquema económico fallido del que el propio peronismo es corresponsable.

Pero quizás el consejo más importante de Macri a Fernández sería: “Alberto, no creas que podés reemplazar a los medios tradicionales con las redes sociales. Eso me vendieron a mí, y las redes no me sirvieron para gobernar, apenas logré intensificar un poco la grieta, pero no mucho más. Mirá dónde estoy hoy”.

De hecho, los informados siguen prestándoles atención a los medios tradicionales y usan las redes sociales para replicar lo que leen, escuchan y ven. Como diría el gurú político español Antonio Sola: “las redes sociales no son prescriptoras del voto”.

De hecho, Macri aplicó en la gestión la misma estrategia de comunicación de la campaña: redes sociales para destacar logros y mostrar la corrupción y no explicar nada. Funcionó hasta 2017.

“Te voy a dar el consejo más importante. Me lo dio el ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso cuando me vino a visitar a Olivos en agosto: gobernar es explicar”.

Probablemente Fernández tenga que hacer un equilibrio entre la apuesta casi exclusiva a las redes sociales del gobierno de Cambiemos y la obsesión enfermiza con las críticas de los medios de Cristina Kirchner, que la llevó a despachar una ley de medios que apuntaba a silenciar las voces críticas.

“Nunca me avisaron que la comunicación de un país en crisis era mucho más intensa que la de una municipalidad. Que inaugurar obras es bueno, pero que la crisis económica es una crisis de mi gobierno, no de la gente”, le podría decir Macri a Fernández antes de probar el jugo de naranja.

Otro ejemplo podría ser el del presidente chileno Sebastián Piñera, que al segundo día de las protestas fue visto comiendo pizza alegremente con su familia.

De hecho, el esquema del “perrito Balcarce” predominó en toda la comunicación de crisis del gobierno. Quedó claro cuando estalló el escándalo de los Panama Papers, a los pocos meses, y fue reforzado cuando estalló la crisis económica de abril de 2018, hoy agravada peligrosamente en la transición.

“No me aclararon que, en un país en crisis, yo debía estar todo el día en modo comunicación de crisis y que debía tener un staff especial que entendiera específicamente cómo hacerlo. Me decían que tenía que mostrarme humano, cercano y divertido. Hoy me doy cuenta de que, en realidad, en lugar de perrito Balcarce, tendría que haber arrancado a cara de perro”.

“Si hubiese tenido en cuenta estos consejos, en una de esas, el lunes 28 de octubre hubiese podido sentar a Balcarce en el Sillón de Rivadavia”, le diría con nostalgia Macri a Fernández, mientras busca una medialuna.