El caso boliviano y la renuncia de Evo Morales: por qué esto fue legítimo y no un golpe de Estado

Evo Morales. (Reuters)

El 20 de octubre se celebraron elecciones generales en Bolivia. El titular, pro-Venezuela y pro-Cuba Evo Morales fue candidato después de haber ignorar un plebiscito nacional que votó para no permitir que Morales se postule para un tercer mandato o sea reelegido indefinidamente. A raíz de este adverso resultado para el presidente, Morales recurrió a los tribunales constitucionales controlados por el gobierno para anular la voluntad del plebiscito y se postuló para un tercer mandato. El tribunal constitucional, formado por hombres de Morales, considero nula la voluntad popular de no otorgar la reelección. Según, el argumento del tribunal, el primer mandato de Morales tuvo lugar bajo una constitución diferente. Por lo tanto, el primer mandato de Morales no contaba como tal. En el momento de su renuncia el 10 de noviembre, Morales ya había estado en el poder por 14 años consecutivos.

A medida que se contaban los votos en la ultima elección presidencial, parecía que Morales no tenía suficientes votos como para evitar una segunda vuelta y a raíz de esto procedió a cerrar el conteo. A la mañana siguiente, Morales fue declarado ganador en primera vuelta, lo que fue ampliamente percibido como un alevoso y obvio engaño. Eso generó protestas masivas que denunciaron las elecciones como fraudulentas.

Un informe emitido por la Organización de Estados Americanos (OEA) declaró que las recientes elecciones bolivianas no podían ser validadas debido a las irregularidades que se encontraron en el proceso. La OEA instó a cambiar la Corte Electoral y pidió que se realicen nuevas elecciones. Morales finalmente aceptó llevar a cabo una nueva ronda de elecciones. El fiscal general anunció una investigación judicial contra miembros de la alta corte electoral quienes validaron el fraude. La gente perdió toda confianza en Morales y procedió a intensificar su demanda de que Morales y su gobierno renuncien. La sociedad civil boliviana se rehusó a caer en la trampa que el gobierno le estaba tendiendo.

Es así que el domingo 10 de noviembre el comandante de las Fuerzas Armadas William Kaliman solicitó la renuncia del presidente a la vez que solicitaba a la población que se abstenga de actos de violencia, con el objetivo de restablecer el orden en el país. Esto ha sido malinterpretado por ciertas personas en Bolivia y también fuera de el país entre ellos y por para sorpresa de nadie , el líder del Partido Laborista británico Jeremy Corbyn, el presidente electo Alberto Fernández en Argentina, el ex presidente brasileño Lula Da Silva y la diputada nacional estadounidense Ilhan Omar.

Desde el viernes ha habido disturbios policiales en rebelión contra el fraude de Morales. Los militares se negaron a reprimir estos disturbios y Morales se encontró acorralado y solo. Antes de que Morales renunciara, su vicepresidente y principal ideólogo, Álvaro García Linera, su Ministro de Minería, el presidente de la alta corte electoral y el presidente de la Cámara de Representantes ya habían presentado su renuncia. Varios gobernadores y alcaldes del partido de Morales también habían renunciado.

La Central Obrera Boliviana (COB), el sindicato más grande del país y un aliado del presidente también solicitó la renuncia de Morales sosteniendo que tal paso era necesario para lograr la paz y el orden. La COB declaró que la organización no desea asociarse con un derramamiento de sangre nacional.

La diferencia entre Bolivia y Venezuela y el argumento de Golpe de Estado

Es importante comprender las diferencias entre Bolivia y Venezuela. En Bolivia había una oposición bien organizada dirigida por Luis Fernando Camacho, líder de una de las asociaciones empresariales de la provincia de Santa Cruz. Sin embargo, el descontento fue más allá de la provincia de Santa Cruz. Se movilizó a las masas y el liderazgo se negó a negociar. En Venezuela, hasta la aparición de Juan Guaidó, la oposición no tenía un líder capaz de unificar y oportunistas dentro de la oposición abundaron. Asimismo, la oposición política en Bolivia, no se apresuró a reconocer resultados fraudulentos como lo hizo Henrique Capriles Radonski en Venezuela en varias ocasiones.

En Bolivia, como en Venezuela, Morales trató de cooptar a los militares y la policía para apoyar a su régimen. Morales buscó transformar el ejército creando nuevos entrenamientos y adoctrinamiento antiimperialista. Al mismo tiempo, como en Venezuela, Morales dio beneficios a los militares en términos de salarios y también roles en el aparato estatal. De hecho, el ejército era parte integral de el proyecto de Morales de refundar el estado boliviano sobre la base de ideas socialistas y anticolonialistas. Morales incluso creó con el apoyo del ALBA la escuela antiimperialista donde se impartían cursos obligatorios a oficiales y entrenamiento a los “soldados de la revolución”. Este entrenamiento ha incluido cursos destinados a adoctrinar a los militares contra el enemigo imperialista, a saber, los Estados Unidos. El ministro de Defensa iraní, Ahmad Vahidi, asistió a la inauguración y pronunció un discurso junto con representantes venezolanos y nicaragüenses. Morales expresó públicamente su interés en que los iraníes entrenen a los bolivianos. Bolivia expresó interés en adquirir drones y otra tecnología militar de Irán. Por lo tanto, no seria irrazonable suponer que los iraníes ya han participado en el entrenamiento o la educación del ejército boliviano.

Sin embargo, en Venezuela, cuando estallaron las protestas populares en Venezuela, los militares permanecieron del lado del gobierno represor, mientras que los militares bolivianos aprendieron de la experiencia venezolana al percatarse de que seguir apoyando a Morales sería muy costoso en términos de vidas humanas y que además podría llevar a una guerra civil.

La cobardía y falta de principios del ejército venezolano extendió la agonía del pueblo venezolano.

Cuando algunos oficiales venezolanos decidieron rebelarse, ya era tarde. Maduro controlaba a sus militares. Ellos ya se encontraban bajo una fuerte vigilancia cubana y asustados hasta la médula por el monstruoso régimen de Maduro. Maduro asesinó a algunos oficiales y encarceló a otros. Maduro recurrió a fuerzas paramilitares que incluían delincuentes condenados y asesinos, organizaciones terroristas extranjeras como las FARC colombianas, el ELN y otras y por supuesto también a efectivos cubanos.

El ejército boliviano actuó de manera más responsable que el venezolano.

En Bolivia, definitivamente no fue un golpe de estado. La situación boliviana es mas bien comparable a la deserción de figuras militares clave en el régimen de Ferdinand Marcos en Filipinas en 1986 o a la revolución naranja en Ucrania, en 2004, donde un levantamiento social causado por un fraude electoral culminó en la demisión del gobierno del presidente Viktor Yanukovich.

La partida de Morales es una buena noticia para Bolivia y para la región. Según Human Rights Watch, el 70% de los prisioneros bolivianos no han sido procesados o judicialmente condenados por ningún delito. Las cárceles están repletas de prisioneros más allá de su capacidad y prisioneros fueron torturados. Activistas de derechos humanos están siendo acosados ​​constantemente. Un informe del Departamento de Estado señala que varios manifestantes antigubernamentales fueron asesinados a tiros. Sin duda, el nivel de represión, tortura y asesinato bolivianos está por debajo del de Venezuela, pero es igualmente muy preocupante.

Nuevas elecciones sin Morales podrían restaurar el gobierno constitucional y la libertad al pueblo boliviano. Los bolivianos tienen mucho lo que mirar hacia adelante.