Bajo un sol tremendo, una multitud celebra la vuelta del peronismo con música popular en la Plaza de Mayo

Recital en la Plaza de Mayo, tras la jura de Alberto Fernández ((Télam)/)

Esteban pidió vacaciones en el trabajo. No le dijo a su jefe a dónde iba. Apenas avisó que se tomaría cuatro días. Los suficientes para viajar desde Tucumán a Buenos Aires, y estar donde quería estar desde el 9 de diciembre de 2015, cuando él también se prometió volver. En estos cuatro años, Esteban ahorró para el pasaje de avión. Y se alquiló una habitación de un hotel dos estrellas en

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Avenida de Mayo y Tacuarí. “Para estar cerca, para ir al baño si lo necesito, y volver a festejar a la Plaza”.Esteban llegó solo desde San Miguel de Tucumán. Esteban no se llama Esteban. “Pero si ponés mi nombre mi jefe capaz me echa, porque no simpatiza con Cristina”, dice, con una risa tímida o irónica. Y cuenta que desde Aeroparque se tomó un taxi y le dijo al chofer a lo que había venido. “Y el chofer se emocionó, y nos pusimos a llorar los dos, porque desde que me fui de la Plaza el día que se despidió Cristina soñé con este momento”, relata.

Una multitud se reunió en la Plaza de Mayo
Una multitud se reunió en la Plaza de Mayo

Y ese momento para Esteban llegó esta tarde. Es alto, ojos marrones, anda cerca de los 40 y tiene puesta una remera con la cara de Alberto Fernández que dice “ahí va el capitán Beto”, un doble homenaje al Presidente y a Luis Alberto Spinetta. Este tucumano fue uno de los cientos de miles que colmó como un enjambre de algarabía el centro porteño, desde el Congreso hasta la Plaza de mayo, para celebrar la asunción de Alberto Fernández y cantar y bailar con las más de 20 bandas que pasan por el escenario montado en el frente de la Casa Rosada: la celebración del Día de la Democracia y, claro, la vuelta al poder del peronismo unido.

Un militante kirchnerista en la asunción de Alberto Fernández (Infobae)

La fiesta comenzó por la mañana en la Plaza del Congreso, donde miles de ciudadanos, entre estos muchos militantes, especialmente de gremios y organizaciones sociales, escucharon bajo el sol tremendo del mediodía el discurso con que inauguró su gobierno Fernández y rodearon su Toyota gris cuando el Presi

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dente puso la trompa de su auto (con el que había llegado manejando al Palacio Legislativo) en contramano por Avenida de Mayo (decorada con columnas que hacían referencia a la unidad del pueblo y el respeto a la democracia) hacia su flamante despacho en la Casa Rosada.

Lihueel Althabe
Lihueel Althabe

En Plaza de Mayo, cerca de las 14, como estaba estipulado, y mientras el Presidente recorría el edificio de gobierno, la cumbiera Rocío Quiroz lanzó los primeros acordes de la fiesta. Andrés Serrano, de Villa Domínico, decidió a los 36 años ser docente. Dice que la victoria de Cambiemos en 2015 le provocó la necesidad de colaborar en la educación pública “de los votantes del mañana” y, también, porque tenía tiempo de sobra después de que su micropyme de diseño de señaladores y láminas decorativas se hundiera junto con el salario de quienes antes le compraban. Así que entró a un profesorado público de zona sur, se formó en Historia y se recibió este año, durante el cual dio clases en el programa FINES, para adultos que quieren terminar la secundaria, que inauguró la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner en 2008.“Vine a festejar, a abrazar al pueblo nuevamente”, dice Andrés, que llegó junto a un grupo de amigos.

Y suma su balance de la gestión del gobierno saliente: “Estos años para mí fueron como dice la pared: ‘Macri es la fiesta a la que nunca te van a invitar’”.El sol de la tarde, a 10 días de la llegada del verano, abrasa Buenos Aires. Los espacios de sombra en la Plaza o en las calles adyacentes son territorios a conquistar. Los halls de algunos bancos de la City se convirtieron hoy en minúsculos oasis, a donde los ciudadanos iban a refugiarse con 24 grados, cuando la sensación térmica es, a las 16, de 36°C. Por la sombra de Florida iba Alberto Núñez, 75 años, también de Quilmes como Andrés. Con sombrero celeste y blanco y una remera a tono con las caras de Fernández y Fernández en cuya espalda reza “No fue magia”, el hombre cargaba una bolsa negra desde la que lanzaba papel picado.”Este gobierno me sacó los remedios y la computadora”.

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