Júpiter perdido en el archipiélago francés

Era Júpiter, o esto creyó: el presidente omnipotente, como un dios romano, por encima de las contingencias diarias, símbolo casi inmaterial de la República más monárquica. Emmanuel Macron ganó las elecciones hace dos años y medio, y llegó al Elíseo una semana después, convencido de que Francia necesitaba un presidente

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que “habitase” el cargo como no supo hacerlo su antecesor, François Hollande, llamado “el presidente normal”. En el ecuador del quinquenio presidencial, Macron no ha abandonado del todo el pedestal
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jupiterino, pero empieza a descubrir las virtudes de la normalidad.

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