La detención de Uribe y los secretos de los periodistas

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Por: Emmanuel Vargas Penagos*

 

El auto que ordena la detención de Álvaro Uribe Vélez muestra cómo él, junto con sus mandaderos, habría coordinado el uso de los medios de comunicación como parte de la estrategia de manipulación de testigos. La Corte Suprema de Justicia muestra la coordinación de con qué periodistas hablar, con quiénes no, qué información entregarles, etcétera. En ese sentido, la Corte es impecable.

El problema aparece cuando la Corte, al estar estudiando las distintas interceptaciones que hizo en el proceso de Uribe, encuentra conversaciones con periodistas y no se plantea (o por lo menos parece no haberlo hecho) la pregunta de: ¿será que yo sí puedo escuchar esta conversación?

Esta pregunta es importante por la reserva de la fuente, un derecho que tienen los periodistas. Ese derecho no se borra ni siquiera porque los objetivos de las interceptaciones no sean los periodistas, sino Uribe, Diego Cadena, Enrique Pardo Hasche, etcétera.

La parte más básica de la reserva de la fuente es que ningún periodista está obligado a contar quién le contó determinada información. Si solo se tratara de eso, no habría tanto problema con que la Corte usara esas conversaciones sin preguntar. Después de todo ya se sabe quién le está entregando información al periodista.

Lo que pasa es que este derecho no es solo de la fuente, si no del periodista y abarca muchas más cosas. Por ejemplo, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos habla del derecho del periodista a mantener en secreto “fuentes de información, apuntes y archivos”. En Colombia, la Corte Constitucional dice que los periodistas se pueden negar a revelar la existencia de información, su contenido, su origen, la forma en que la obtuvo y “todos los documentos que componen el material de sus actividades periodísticas (entrevistas, apuntes, escritos, archivos, fichas, videos, audios, etcétera)”.

Todos estos secretos están relacionados con que el periodismo pueda hacer su trabajo de forma independiente. Se trata de que los periodistas sepan que le pueden pedir información a una fuente y que esta se sienta tranquila de hablar. Obvio que hay casos en los que esto no aplica y la Corte Constitucional dice que el juez que decida meterse con las conversaciones, documentos, entre otros insumos, de un periodista debe hacer un “test”. Es decir: tiene que evaluar una serie de requisitos, balancear los intereses que están enfrentados y escribir ese análisis en su decisión. La gente tiene que poder ver cuál fue el razonamiento de la Corte, no adivinarlo.

En Europa han dicho que ese análisis debe partir de la idea de que meterse con este derecho del periodista debe ser absolutamente necesario para lo que necesitan los jueces y no puede obtenerse de ninguna otra forma.

Es decir, no basta el argumento de que usar la información sea “útil”, “razonable” u “oportuno”. Tiene que ser absolutamente necesario. No puede haber otra opción para seguir adelante con la investigación. De lo contrario, se estaría violando una pata importante de la libertad de expresión y la intimidad del periodista.

Es obvio que las conversaciones de periodistas en el caso de Uribe son útiles. Sirven para sumar a las razones por las que la Corte decidió convertir al Ubérrimo en la cárcel más grande del país.

Pero es difícil considerar que esas conversaciones son absolutamente necesarias, más cuando hay grabaciones que ya son suficientemente concluyentes. Por ejemplo, Pardo le dice a Cadena que es importante coordinar una entrevista “porque si no coordinamos o hacemos las cosas mal nos vamos a pegar una arrepentida la berraca”. O también vemos a Cadena diciéndole a Uribe que lo está buscando Martha Soto de El Tiempo, a lo que Uribe contesta: “No hombre, no, no, no. Yo le digo una cosa a esos periodistas: hay que eludirlos, hay que eludirlos, nos hacen un daño enorme. Van detrás de un escándalo. No demos tiro a eso, perdemos la eficacia”.

Incluso, si las conversaciones con periodistas fueran absolutamente necesarias, la Corte tiene que explicar por qué. ¿Por qué la Corte dedica nueve páginas a explicar bastante bien el por qué las conversaciones de Uribe con Cadena no están protegidas por la confidencialidad entre abogado y cliente, pero no hace lo mismo con las llamadas con periodistas?

El problema de que la Corte no se haga la pregunta de si podía usar esa información es que le pone trabas al trabajo de los periodistas hacia el futuro. Las fuentes pueden tener menos confianza para hablar y los periodistas para preguntar, no vaya a ser que los estén grabando. Peor aún, normaliza la idea de que le pueden pedir información sensible a la prensa por el simple hecho de que es “útil”. Si eso es así, no es raro pensar que en el futuro se use como excusa para obligar a entregar nombres, apuntes u otros datos; o para ordenar chuzadas y las consideren legales.

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*A Emmanuel lo encuentran por acá.

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