Los venezolanos llegan a Madrid a ritmo de vértigo

En 2008 había tan pocos venezolanos en Madrid que dos pequeños fabricantes de queso al estilo de ese país, José Luis Marín y su yerno Fernando Rodríguez, tenían que buscar a sus compatriotas por la ciudad, montados en su Opel Astra. Iban con el maletero cargado al barrio de Las Tablas, a la sede de Técnicas Reunidas, la empresa del sector de petróleo que empleaba a decenas de ingenieros venezolanos. Hoy estos dos queseros venden sus productos autóctonos

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en Carrefour o El Corte Inglés. Su empresa, Antojos Araguaney, emplea a 120 personas y tiene planes de expansión ambiciosos. Quieren mudarse en marzo a una nueva nave de 3.000 metros cuadrados en Rivas-Vaciamadrid, un municipio que colinda con la capital por el sureste, porque la actual
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de 700 metros cuadrados se les ha quedado pequeña.

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