(Editorial) Las lecciones que nos deja el Covid-19

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Ante la pandemia que nos azota en la actualidad, poco es lo que los seres humanos hemos reflexionado y han visto las medidas estatales y de los gobiernos locales para afrontar la crisis como agresivas; tanto así que muchos no las han acatado.

Algunos líderes están más preocupados por la economía que por la salud y otros no han visto el trasfondo y las lecciones que ha dejado el Covid-19 en cómo estaba obrando la humanidad.
Sin duda lo primero que hay que tener presente es que la vida está por encima de todas las demás consideraciones. Ante el riesgo inminente para la salud, hay que privilegiar la vida frente a los múltiples problemas económicos, recreativos, deportivos, sociales o de movilidad, que las medidas puedan acarrear.

La positivo es que la solución está en nuestras manos: necesitamos adoptar medidas individuales de lavado frecuente de manos y radical disminución del contacto entre las personas. Si cumplimos con las anteriores medidas individuales y sociales, ayudaremos a resolver la crisis de la mejor manera posible.
Algunos líderes han subestimado la pandemia y por eso sufren las consecuencias de gran parte de su población contagiada y en el peor de los casos, fallecida.

También hay que destacar la visión que han tenido algunos dirigentes como la alcaldesa de Bogotá, el gobernador del Magdalena, Carlos Caicedo y la mandataria de los samarios Virna Johnson; sus decisiones van en la dirección correcta en lo que tiene que ver con política pública.

Desde el inicio expertos epidemiólogos han sido el respaldo de estos y sus decisiones siempre ha buscado privilegiar la salud de la ciudadanía.

La lección que nos ha dejado este virus, tiene que ver con la conciencia individual y la solidaridad de grupo. Desafortunadamente, en Colombia, no hemos aprendido a trabajar en equipo. La paradoja es que la superación de la pandemia será más fácil, rápida, probable y segura para los ciudadanos y países que trabajen en equipo, acaten disciplinadamente las medidas dispuestas por las autoridades y no acaparen los bienes esenciales para uso personal. En estas condiciones, el individualismo pone en jaque la salud y la vida humana; principalmente, la de los abuelos, quienes son los más vulnerables y a quienes más hay que cuidar.

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La pandemia actual es un buen momento para que entendamos que nuestra infinita arrogancia no podrá defendernos de un virus que menospreciamos, y que, aún sin estar vivos, nos pueden llegar a aniquilar. Es un buen momento para pensar si la humanidad no se equivocó al concentrar la población en espacios tan pequeños como las ciudades y facilitar así la circulación de la delincuencia, los virus, los carros contaminantes y las enfermedades.

Como seres pensantes, nos queda la inquietud de si estamos presenciando la lucha del planeta contra su predador y parásito: el homo sapiens antropocéntrico, que toma y destruye los recursos, sólo para su propio bienestar económico temporal, sin pensar en las graves consecuencias de sus actos para el equilibrio de la naturaleza y la vida futura. Muchos pensamos que el desequilibrio que hemos generado, tiene relación con la aparición de nuevos virus.

El virus aparte de las muertes y todos los enfermos nos está mostrando a los seres humanos en cuanto nos equivocamos destruyendo la naturaleza, es una muestra que la madre tierra nos está dando una lección.

Además es la oportunidad para que el cierre de fronteras sea por la soberanía y en la actualidad por prevención, pero que es obligación de los líderes acercar su metro de distancia para hablar de lo mejor para todos y no amenazar con acabar con todos.

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